Un viaje por Japón en Abril

This is a long travel diary that I wrote when travelling for a second time in Japan. That was back in April 2016. Unfortunately, I wrote it in Spanish and I don’t feel like translating myself, so you are gonna have to learn Spanish to read it. Sorry!

Diario de Jornada 1 - 25-03-2016

Amanece temprano en Tokyo y salgo para dar un paseo. El contraste entre la ciudad bulliciosa y la tranquilidad de estas horas intempestivas es digno de mención. Ya hay un poco de movimiento, pero en general se disfruta de la tranquilidad paseando por las calles de Asakusa.

Antes de partir para Kyoto y tras recoger el Japan Rail, decido visitar el parque de Ueno. Aún sigue siendo temprano y me apetece ver qué pinta tiene a estas horas. Ya hay gente guardando sitio para poder observar el hanami, y muchos de los cerezos empiezan a florecer ya. En 1 semana aproximadamente todos estarán en floración completa. Disfruto de unos instantes sentado en un banco observando el lago y las gaviotas mientras escucho a Tchaikovsky.

Ya en Kyoto, lo primero que hago es ir a comer a un restaurante de Sushi. El menú no está mal, y me doy cuenta de lo diferente que son los restaurantes Japoneses auténticos con lo que tenemos en España: aquí te sientan en la barra directamente y te sirven té verde sin preguntar. Cuando pides sushi, siempre viene acompañado de sopa de miso y una variedad de menestra cuyo nombre desconozco. Sin embargo, no me gusta que no se sirva postre y que te pongan la cuenta al pedir por primera vez. Esto te obliga a saber con antelación las apetencias de uno y deja poco margen a la flexibilidad. Supongo que es una muestra más de la inflexibilidad de las convenciones sociales japonesas.

Después de comer parto para los jardines imperiales para obtener una primera toma de contacto con la atracción estrella de este viaje: el hanami. Observar de primera mano una manifestación de la tradicional floración del cerezo japonés produce en mí un efecto profundo. El contraste del característico color rosa con el resto del paisaje es de una belleza extraordinaria, y no me extraña que el pueblo japonés se sienta atraído a celebrarlo año tras año con tanta pasión. Reflexiono unos instantes sobre qué significa esta manifestación cultural: es mucho más primitiva que el sintoísmo o el budismo, puesto que los japoneses llevan probablemente admirando la flor de cerezo desde siglos antes de la aparición de las religiones. El sintoísmo es viejo, pero la admiración por la naturaleza lo es aun más; es raíz y origen primitivo de la cultura Japonesa. Sigo paseando por el jardín y me echo una siesta a la sombra de un imponente castaño.

Decido después ir a visitar el “camino del filósofo”, un poco más arriba del palacio imperial. Al llegar observo que todavía no ha florecido lo suficiente el cerezo y que por lo tanto la estampa está desprovista de la belleza extra que supone la floración. Todavía faltan al menos 4 o 5 días para que esto esté a rebosar de turistas y de flores en la misma medida.

En este punto decido echar a andar sin rumbo fijo; aun a pesar de que ya visité esta zona en el pasado, me sorprende la cantidad de rincones desconocidos y que muy a menudo pasamos por alto porque se salen de la típica ruta establecida. Así pues, y tras mi primera experiencia trascendente del hanami, encuentro un rincón que quedará grabado en mi memoria por largo tiempo.

Se trata de un jardín menor “nanzen—in” que forma parte del complejo Nanzen Ji de Kyoto. Este pequeño jardín es el que mayor impresión ha producido en mí de todos los jardines japoneses que he visitado. La sencillez y la abrumadora belleza de la estampa, combinada con uno de los ejemplos más típicos de casa Japonesa, producen una experiencia difícil de olvidar. Además, ayuda el hecho de que no es nada concurrido y se puede parar tranquilamente a observar, sin prisas ni atareos, tal y como los creadores del jardín pretendían que se disfrutara.

Sigo mi camino sin rumbo y acabo en Gión, el típico y tradicional barrio de las geishas de Kyoto, pero también zona de discotecas y bares moderna, por lo que actividad a estas horas es bastante alta: jóvenes que se disponen a empezar una noche de disfrute y también un montón de turistas intentando conseguir la preciada foto de una geisha. No me gusta el centro de Kyoto porque hay demasiada gente y demasiado poco espacio: agobia, y no permite observar con detenimiento lo más característico de este barrio. Sin embargo, callejeando y alejándose de la zona principal se puede disfrutar de manifestaciones de la vida diaria japonesa, sin artificios, así como una muestra de arquitectura Japonesa contemporánea, que tan bien sabe mezclar las tradiciones con las técnicas modernas.

Cansado tras haber caminado bastante, decido poner fin a la jornada. No sin antes emprender un largo y duro viaje hasta Kitakyushu, donde decido pasar los próximos dos días. 4 horas de tren son las que separan Kyoto de Kitakyushu, y llego bastante tarde y cansado al hotel. Hago un último esfuerzo para pasar por el konbini y comprar un dorayaki de judía roja.

Diario de Jornada 2 - 26-03-2016

El jetlag me ha afectado más de la cuenta y no he pasado buena noche. No obstante, parto para Fukuoka en cuanto me levanto. Llego sobre las 11 en alrededor de 20 minutos en el rápido Shinkansen. Como no tenía nada planeado para hacer, abro internet y visito el primer sitio que me recomienda Japan Guide, que es el parque de Nishi. Sin embargo, al llegar aquí, un sonido en la calle de más abajo llama mi atención y decido acercarme. Parece ser que había alguna especie de procesión como parte del festival de hanami: se podía observar adultos y niños por igual vestidos con trajes tradicionales Japoneses, entre ellos con armaduras de samurai, e incluso uno de ellos iba a caballo.

Sigo la procesión con curiosidad, y nos lleva hasta las ruinas del antiguo castillo de Fukuoka, ya desaparecido. Puesto que es domingo, está a rebosar de gente, familias y jóvenes por igual, disfrutando del maravilloso y perfecto día de sol. Hay puestos callejeros de comida (yatai 屋台) y reina un ambiente muy de matsuri. Desde aquí me animo a compartir un vídeo de una actuación musical callejera, con la esperanza de poder transmitir aunque sea un poco del ambiente festivo y alegre reinante.

Abandono las ruinas del castillo y pongo rumbo al parque de Nishi. Al llegar me decepciona un poco puesto que solamente uno de los cerezos está florecido. Sin embargo, este imponente y majestuoso cerezo está situado en un sitio verdaderamente notable y casi totalmente desierto: sólo una familia y una pareja disfrutan de la sombra, el fresco y la paz aquí reinantes. Decido grabar el momento en mi memoria y no echar ninguna foto.

Continuo más arriba hasta el santuario sintoísta, típico santuario local sin nada especial que destacar, excepto la normalidad y tranquilidad de lo cotidiano. Hay gente rezando y una pareja con un recién nacido que acaba de recibir la bendición del monje local. Es tradición visitar el santuario local cuando un niño nace para desear buena salud en los años venideros del recién nacido. En este punto recuerdo a mi primo Jose y su mujer Dori, cuya hija Julia está a punto de nacer.

Desciendo la colina empinada que llevaba hasta el parque de Nishi, y tras callejear un poco y observar un poco los barrios residenciales de Fukuoka, sigo mi camino hasta el santuario de Atago. Es la segunda vez que voy al santuario, habiendo ido ya el año pasado. El recuerdo de este santuario es tan especial que no me hubiera perdonado el no visitarlo de nuevo ya que mi destino me traía de nuevo por estos lares.

El santuario de Atago se encuentra en una colina, fácilmente accesible desde la calle con unas escaleras, y desde lo alto de él se puede observar, con calma y tranquilidad, toda la bahía de Hakata, de donde la estación de trenes de Fukuoka presta su nombre. El santuario es un lugar especialmente atractivo por lo sencillo y poco transitado que está: sólo los locales lo visitan, y se pueden ver desde parejas, señores mayores haciendo deporte (subiendo y bajando escaleras) o matrimonios con hijos paseando. Observo que el árbol de cerezo aun no ha florecido, sin embargo recuerdo un haiku especialmente conmovedor de Basho:

En el jardín los cerezos en flor. Y en mi memoria.

Al descender, decido parar a comer en un sitio local. Aquí no han oído hablar del idioma inglés, y se sorprenden de mi aspecto evidentemente extranjero. Sin embargo, me sirven con mucha diligencia, e intercambio unas palabras en Japonés que les parecen graciosas. Me gustan este tipo de restaurantes de pueblo: se puede observar a las familias japonesas medias que salen con los niños a comer, así como a los trabajadores que van a comer como hiato a la jornada. Observar de primera mano esta actividad de la vida cotidiana japonesa me hace comprender un poquito más el carácter y la cultura japonesa en sus dimensiones más convencionales.

Tras abandonar el restaurante, decido volver al hotel para recuperar horas de sueño por el maldito jetlag. Después de echar una siesta larga, salgo por Kitakyushu para pasear. Primero visito un complejo de tiendas de manga y anime y recreativas que está justo al lado de la estación. Como todas las tiendas de este estilo, sorprenden por su recargadas decoraciones y sus estanterías amontonadas de todo tipo de artículos frikis: manga, anime, gashapons, figuras, peluches, etc. Hay muchos jóvenes dando vueltas por aquí: ellos al verme retiran la mirada y se alejan casi haciendo una reverencia; ellas sin embargo se ruborizan y emiten una sonrisilla inocente antes de retirar la mirada y alejarse. No me extraña, puesto que la presencia de extranjeros por esta ciudad industrial como es Kitakyushu es prácticamente nula.

Antes de terminar la jornada, sigo paseando sin rumbo concreto por Kitakyushu. Visito los jardines del castillo por la noche, donde varios grupos de jóvenes disfrutan de las últimas horas de la jornada festiva y los puestos callejeros se preparan para recoger los tenderetes. Intento ir al mejor restaurante de sushi de la zona, sin embargo descubro, tras preguntar al chef, que el restaurante ya está cerrado. Me despide haciendo una reverencia a la cual respondo recíprocamente. En Japón si quieres cenar, que sea antes de las 8:30 puesto que más allá de ahí resultará difícil encontrar un lugar que merezca la pena.

Finalmente acabo cenando en un restaurante rápido de Sushi del centro comercial de la estación, el cual se pide usando un iPad, todo muy moderno, muy rápido, y bastante decente en cuanto a sabor y precio. Una mujer se sienta a mi lado en la barra y establecemos una corta conversación en inglés. Se sorprende de que sepa leer el menú en Japonés. Pago y vuelvo al hotel, no sin antes pasar por mi konbini favorito, el Family Mart, para tomar mi ritualístico dulce de despedida de jornada.

Diario de Jornada 3 - 27-03-2016

Salgo muy temprano hacia la estación de Kokura. Gracias a dios mi hotel está justo al lado, así que no tengo que calcular tiempo extra. La noche anterior he decidido improvisar y puesto que el primer tren libre hacia Osaka no es hasta las 11:30, voy a pasarme por un pueblo de la zona que encuentro a través de internet con una rápida búsqueda.

Se trata de Nakatsu (中津), un pueblo Japonés a aproximadamente media hora de la estación de Kokura. Lo más característico es un santuario sintoísta casi pegado a la costa, el castillo-fortaleza y que es el lugar de nacimiento de Fukuzawa Yukichi, figura de la que no conozco demasiado, tan sólo que fue un intelectual de la restauración Meiji y que su cara aparece en los billetes de 10.000 yenes.

Llego temprano a posta, en un tren llamado “Sonic”, con un sospechoso color azul. Me encanta viajar en este tipo de trenes locales, ya que están llenos de gente cotidiana, salary mans y estudiantes que se dirigen a las zonas aledañas a atender sus quehaceres diarios. Al llegar pongo rumbo al santuario sintoísta en el norte, ya que el castillo aun no ha abierto. Por el camino voy a parando a observar todo lo que llama mi atención: ahora un parque, ahora un mini santuario, etc. Gente mayor que ya está despierta y se mueve de aquí a allá con la bici me saludan en Japonés y yo respondo a su cortesía. Se nota cuando estás en un pueblo porque la gente te saluda al cruzarse contigo.

Este santuario del norte está pegado al pueblo, y puedo deducir por lo poco que puedo leer de las inscripciones en Japonés, que en el lugar hubo algún bombardeo en la segunda guerra mundial. Hay varias inscripciones que rezan por la paz mundial, y un monolito con un obús de la época, a modo conmemorativo. Echando un vistazo por encima del dique cercano, se puede observar un muro para los tsunamis.

Prosigo mi camino, ahora sí rumbo hacia el castillo. Por el camino me siento unos minutos a descansar bajo la sombra de unos cerezos, que desgraciadamente aun no han florecido. Los lugareños que pasan me saludan, y contemplo con serenidad y tranquilidad la paz que reina en el lugar: ni un sólo ruido de coches, sólo el mar al fondo y la brisa fresca de la mañana.

Llego a las puertas del castillo, y un gran parque de cerezos llama mi atención. Sólo 2 de ellos han florecido ya, y me detengo unos minutos a observarlos detenidamente y capturarlos en fotografías. La estampa con el castillo al fondo es pintoresca. El color rosa del cerezo me sorprende una vez más; no sabría como describir la tonalidad. Es muy típico ver el sakura en fotografías de Japón, pero nada te prepara para la experiencia real y en vivo de un cerezo en flor.

Dentro del castillo hay varios santuarios pequeños y fuentes y parques muy bien avenidos. No hay ni un alma y puedo disfrutar de unos minutos de tranquilidad. Al pasar un rato decido entrar, y una amable señora me indica la entrada con un “broken english” de libro. Yo le insisto en que puede hablar en japonés, pero ella se empeña en hablarme en inglés. Me enseña la entrada y nos despedimos entre sonrisas, yo en japonés y ella en inglés.

Dentro del castillo, de interior moderno, se pueden observar varios objetos históricos, entre ellos unas armaduras samuráis auténticas y varios documentos de la época con cierto valor histórico. Hay varias fotografías de festivales locales con el castillo al fondo, lo que me hace reflexionar sobre lo importante que es este patrimonio inmueble para los lugareños. En una de las vitrinas me sorprendo de encontrar un libro en castellano, al parecer regalo de un religioso español que se ve que vivió por allí hace ya 40 años. Tengo tentación de preguntar a la señora sobre el origen del libro, pero al final no lo hago.

De vuelta a la estación y durante el viaje de vuelta a Kokura, escucho mi banda sonora predilecta que acompaña perfectamente con las experiencias que vivo: se trata de la banda sonora de 蒼穹のファフナー, un anime de hace ya más de 10 años. Su maravillosa banda sonora, de clara inspiración wagneriana, es un complemento perfecto para caminar en soledad u observar los parajes japoneses desde la ventana de un tren.

Antes de ir a Nagoya, que es donde pasaré los próximos 4 días, decido hacer un parada en Osaka. Al llegar como en un restaurante de algo parecido a un Okonomiyaki, pero cuyo nombre, aunque se leerlo, no se qué significa. Está bastante bueno y sirven rápido, así que continuo hacia el castillo de Osaka sin más dilación. Ya había estado en Osaka en el pasado pero no pude pasar por el castillo por circunstancias varias.

Al llegar, se nota el contraste entre este y el que visité esta mañana: aquí está lleno de gente y además el castillo es mucho más grande. En el patio hecho algunas fotos y me paro a observar el espectáculo de un mago callejero. El número está realmente bien y me quedo a verlo entero. Curiosamente, ya había visto a este hombre actuar en Nagoya el verano pasado, y puedo identificar en su discurso en japonés muy rápido cómo habla de que viene de esta ciudad.

Al terminar entro en el castillo. Como esperaba, por dentro es puramente moderno y está dedicado a un museo de la historia de la zona. Nada comparado con castillos de interiores reales y conservados como el de Himeji y Matsumoto. Sin embargo, aprovecho la oportunidad para aprender más cosas sobre la historia local: sobre todo política y guerra. No sabía, por ejemplo, que Tenkai hubiese tenido una influencia política tan grande en la época. Se habla muchísimo de Ieyasu y del santuario de Nikko.

Al salir me encuentro muy cansado: 10 horas caminando con 8 kilos a la espalda pesan. Parto para Nagoya sin detenerme ni un segundo. Llego a Nagoya y me sorprende la cantidad de gente que hay por todas partes: la estación de trenes, el metro, etc. todo está a reventar de una masa en movimiento constante y frenético. Por una vez me abrumo ante tanto movimiento, pero sólo dura unos instantes. Me pregunto qué sistema tienen los japoneses para organizar y mantener la puntualidad y el orden para transportar a tantos miles de personas por segundo.

Ya en el hotel aprovecho para preparar el día de mañana y me pongo la tele. Entre la telebasura típica japonesa encuentro un programa medianamente interesante sobre entrevistas a extranjeros y el sakura. Cojo ideas para los próximos días y me sorprendo de que soy capaz de entender la gran mayoría de lo que se dice. Quizá el objetivo de la fluencia no está tan lejos como pensaba.

Diario de Jornada 4 - 28-03-2016

Salgo a primera hora hacia la estación de Nagoya, como un trabajador japonés más, en medio de la marabunta del metro. Sin embargo, continuo en el mismo vagón hasta la misma última parada, que es mi destino. Voy viendo como se va vaciando y cada vez queda más tranquilo, hasta que sólo somos unos pocos dentro del tren.

Ya en Inuyama, doy un paseo hasta mi destino, que es el castillo un poco más arriba. Son aproximadamente las 9 de la mañana y todavía no hay demasiada gente, se está tranquilo en el pueblo. Cuando llego al castillo me quedo asombrado de la cantidad de santuarios y templos que hay a los pies, a cada cual más pintoresco. Empieza a aparecer un rastro de gente, todos japoneses, ningún extranjero.

El castillo de Inuyama me gusta bastante. El patio es de una belleza notable, y se pueden echar las típicas fotos del sakura con el castillo al fondo. Me animo a entrar en el castillo y me sorprendo al ver que se conserva tal cual era el original. Me recuerda instantáneamente al de Matsumoto y Himeji. Aquellos eran más grandes, pero este se conserva mejor: las escaleras no están reformadas, y no hay estructuras que soporten a la madera de la que está echa el castillo. Todavía se oye el crujir de la madera de la gente que camina en los pisos superiores.

Dentro del castillo hay varios carteles en inglés, lo cual se agradece, y un pequeño museo de objetos históricos de la época. Al salir del complejo doy una vuelta por el pueblecito. Hay muy poca gente por las calles, y caminando voy encontrando cosas interesantes: ahora un templo budista, ahora un santuario, etc. Me sorprende la arquitectura japonesa de los pueblos: es muy pintoresca y aun a pesar de que ya usan materiales modernos, todavía conservan el estilo tradicional de la época. Observando más de cerca una casa por fuera se puede ver eso mismo: son estructuras de hormigón y los decorados “de pega” simulan la madera con la misma forma que antaño. Estéticamente resulta efectivo, pues las calles están preciosas y da gusto pasear por ellas.

Encuentro en este paseo un templo a destacar, cuyo nombre desconozco. En el patio hay un enorme cerezo llorón que ya ha florecido casi por completo. La estampa es bastante idílica y aprovecho para inmortalizarla. Hay varios japoneses haciendo lo propio. Un señor mayor con una cámara que tiene pinta de ser de las caras se tira como media hora intentando coger la foto perfecta, ¡qué cosas! Abandono el pueblecito pueblo con el recuerdo de este castillo y parto para Nagoya, donde pasaré el resto del día.

Me hubiera gustado ir a algún otro sitio esta tarde, pero luego he recordado que todas las cosas que merecen la pena suelen cerrar a partir de las 4 así, así que por la tarde conviene mejor disfrutar de aquellas cosas que o bien no cierran, o bien son espectáculos con ambiente nocturno, que es justo lo que he hecho hoy en Nagoya.

Al bajar he ido derecho al castillo de Nagoya. Ya había estado en el pasado, pero sólo por la noche en el festival de obón おぼん; todavía no lo había visto de día. Decir que este castillo es uno de mis favoritos a nivel estética exterior: por encima incluso que el de Matsumoto o Himeji. La base es enorme y los fosos están rellenos de césped de un color verde brillante. Por supuesto, a la estampa tenemos que añadir los cerezos, que la mayoría estaban ya bastante florecidos. Ver los cerezos caer suspendidos sobre el césped y el castillo al fondo es una estampa verdaderamente única.

Dentro del castillo doy un paseo y voy parando aquí y allá en sitios que considero tranquilos y alejados de la masa. Hay varias parejas de recién comprometidos que vienen a echarse fotos vestidos con los trajes tradicionales de la época. Encuentro en el vestido tradicional japonés más belleza, por ejemplo, que en los vestidos clásicos del mundo occidental. Es por eso que creo que hoy en día se siguen llevando kimonos de diario y no es raro ver de vez en cuando gente con kimono por la calle, especialmente ellas. El de boda en concreto se llama uchikake 打ち掛け, y el sombrero tradicional tsuokakushi 角隠し, pero las parejas que se estaban echando fotos llevaban una versión reducida cuyo nombre no se cual es. Ellos llevan un kimono normal pero con hakata, que es más formal.

El castillo por dentro no es nada del otro mundo, y si no fuera por que he pagado 500円 no hubiera entrado. Sin embargo finalmente lo hago. Dentro hay un museo de objetos de la época, como siempre en los castillos modernos, pero se han olvidado de poner los carteles en inglés, al contrario que el de Osaka. Contrariado por esta decisión, decido abandonar el castillo y dirigirme a comer.

Encuentro un sitio de sushi interesante en Tripadvisor y me dirijo hacia allí. Me pierdo la primera vez que intento encontrarlo, ya que las direcciones japoneses son un maldito infierno, no se cómo se aclaran. Con lo fácil que es poner nombre a las calles y luego dar números a los edificios aledaños. Aquí se dedican a darle números a los bloques y edificios y luego rezar para qué puedas encontrarlos. Como digo, una pesadilla. Menos mal que existe Google Maps y te puedes guiar por el satélite, que si no…

Consigo llegar al sitio de sushi. Es un sitio tradicional, lleno de salary mans y con cola para entrar. Tengo que apuntar mi nombre en un papel. Lo hago en un pulcro katakana, y cuando la señora va a leerlo y dice mi nombre titubea unos segundos, como si no se lo creyera. Finalmente pronuncia mi nombre a la japonesa y me sientan. Desde mi sitio puedo observar a un montón de salary mans y familias de clase media comiendo sentadas sobre el tradicional tatami y el cojín, llamado zashiki 座敷. Se ve bastante sucio, y la verdad es que doy gracias que no me hayan sentado en el suelo, puesto que detestaría tener que desabrocharme las cordoneras de mi bota de caña alta.

El restaurante sirve sushi normal y corriente en forma de menu, bastante barato. Me hago entender pese a que la señora no se acaba de creer que hablo suficiente japonés como para señalar lo que quiero. Finalmente acceden y me sirven bastante rápido. Como siempre, nada más sentarme ya tengo mi té verde caliente servido, sin preguntar, y el tradicional trapo caliente, un detalle que se agradece siempre.

El sushi en sí no está mal, pero de esta experiencia me quedo con el hecho de que es un restaurante de barrio y al comer allí me siento como un japonés más. Ni que decir tiene que en sitios así se come rápido, y no tardo más de 15 minutos en terminarme mi plato de sushi y despedirme de allí. Nada más salir voy a un konbini porque me he quedado con hambre ya que no servían postre ni tampoco me han preguntado. Sin duda prefiero de aquí a lima el servicio de los restaurantes occidentales, ¡como se notan esos siglos y siglos de tradición y la cercanía!

Voy al hotel a descansar un rato y preparar el plan para la tarde. Básicamente voy a visitar el resto de lugares del sakura de Nagoya, empezando por el parque de Tsuruma. Aquí los cerezos están ya casi abiertos del todo, y ya está lleno de japoneses sentados en el suelo realizando el acto propio del hanami 花見, literalmente “mirar flores”. Hay todo tipo de puestos callejeros de comida y varias zonas de parque repartidas por el complejo. Me siento a la orilla de un estanque a reflexionar sobre unos minutos sobre algo que no recuerdo ya.

Parto ahora hacia el rio yamazaki 山崎川, que me cuesta bastante encontrar y estoy dando vueltas por lo menos durante media hora. Finalmente doy con el sitio, que me interesaba para poder observar una iluminación nocturna del sakura. Resulta bastante bella y no hay mucha gente, por lo que se puede uno sentar a observar con tranquilidad. No obstante, esperaba que hubieran florecido más; imagino que en 4 o 5 días esto será una auténtica maravilla, pero ya será demasiado tarde para mí. Estoy dando vueltas un rato por la zona residencial, mientras escucho el mismo tema de Symphony X una y otra vez, que inspira en mí fuerza como hacía tiempo que no sentía.

De aquí me muevo ahora para Sakae, el centro de Nagoya propiamente dicho, para dar una vuelta por la zona de tiendas y centros comerciales, me apetece desconectar un poco de tanta naturaleza. Observo la torre de comunicaciones, bastante resultona y los carteles luminosos del cruce principal. Las estampas nocturnas de Japón son impresionantes y me quedo siempre embobado viendo las brillantes luces que anuncian todo tipo de banalidades. Aprovecho y tomo un vídeo para subir a Instagram.

Paseando por la zona, en una esquina bastante concurrida, una chica ofrece una actuación callejera de jpop. Me paro unos instantes, ya que está interpretando una canción de YUI conocida por mí, y aprovecho y saco un vídeo. Canta bastante bien y la felicito personalmente. Me da un folleto con su nombre artístico y un montón de texto en japonés que da pereza leer. Continuo mi paseo, sopesando el ir a algún sitio a cenar. Sin embargo, no encuentro ningún sitio de mi agrado y decido salir de allí y volver al hotel.

Al volver veo desde el tren un parque con gente celebrando el hanami y unos cuantos yatais, así que decido bajar en esa parada y pasarme por allí. Me entusiasma el ambiente de matsuri y decido comprarme unas bolas de pulpo, o takoyaki たこ焼き. Sin embargo mi entusiasmo acaba pronto cuando descubro que no están tan buenos como esperaba. Con el estómago lleno, ahora si que si parto para el hotel a cerrar la jornada y escribir este diario. Antes de terminar, una reflexión sobre el uso de mascarillas en Japón.

He estado pensado, al principio imagino que era principalmente por el tema de los gérmenes, pero hoy en día parece que todo el mundo lleva mascarillas y que atrás quedo esa razón de higiene. Si indagamos más a fondo, creo que la mascarilla es la forma de los japoneses de desconectar de una sociedad que se les echa encima de manera agobiante; llevar una máscara significa que nadie te molesta, no tienes que sonreír forzadamente y en general te cierras a cualquier tipo de interacción hablada; es una manera de decir “no estoy disponible, déjame en paz”. Curioso y muy interesante desde el punto de vista sociológico. He pensado en comprarme unas máscaras yo mismo y usarlas, pero quedaría demasiado raro que un gaijin 外人 como yo las llevara en público, así que abandono la idea y de paso me ahorro unos yenes.

Diario de Jornada 5 - 29-03-2016

Amanece temprano. Me dirijo como siempre a la estación de Nagoya y cojo el primer Shinkansen hasta Maibara. De ahí enlazaré hasta Hikone, primer destino del día. Esta “pequeña” ciudad (pequeño en Japón significa +100.000 habitantes) tiene uno de los sólo 12 castillos que se conservan tal y como se construyeron. Junto con el de Inuyama de ayer, habré visto ya los 4 principales, denominados como tesoros nacionales. No es para menos, pues la belleza de estos 4 castillos es digna de mención.

Gracias a dios abren bastante temprano las puertas (a las 8:30) y ahí estoy el primero, junto con unos cuantos japoneses desperdigados también madrugadores. Paseo un rato por el recinto, y me fijo en que está perfectamente cuidado: todo está impoluto. Dentro del castillo igual: parece como si se hubiera hecho ayer, la verdad es que se conserva realmente bien. Este castillo por fuera es más bonito a mi parecer que el de Inuyama. El diseño de la fachada y contando el hecho de que es una planta más alta, es una combinación ganadora.

Otra cosa que me sorprende es que este castillo tiene una mascota, al parecer ahora cumplía 10 años y está todo plagado de dicho personajillo que me parece bastante curioso. Como me ha gustado, meto 200 yenes en un gashapon y, casualidades de la vida, me sale justo el que quería! Obtengo esta pequeña victoria en mi interior y prosigo mi camino.

Bajo ahora hasta un jardín japonés que está en la base del castillo. Como otros jardines japoneses, se compone de un estanque, con varios puentes y varias decoraciones típicas: lámparas, casa del té, etc. Hay bastante carpas y patos que van volando de aquí y allá, y además no se oye un alma, por lo que se pueden disfrutar de los sonidos de la naturaleza. Curiosamente, aunque hay que pagar entrada, no hay nadie en la puerta. Estoy en este jardín un rato y en mi interior lo comparo con el que descubrí unos días antes en Kyoto. Aunque este es muy bello, el primero lo supera con creces, por la sencillez y el recogimiento del que hacía gala.

Después de haber terminado con la visita a este pequeño pueblo, vuelvo a la estación de trenes y pongo rumbo de vuelta a Maibara. Desde aquí vuelvo a coger el shinkansen: primero hasta Kyoto y de ahí salto hasta Kobe. El enlace es de tan sólo 2 minutos, pero gracias a la puntualidad quirúrgica de los trenes japoneses, soy capaz de hacerlo sin ningún tipo de problema, y todavía me sobra tiempo para comprar un refresco en una máquina expendedora.

Ya en Kobe, lo primero que hago es visitar el sorakuen, otro jardín japonés con influencia occidental. Se nota enseguida: el estilo de las plantas y varios edificios de corte occidental puestos allí mismo en el parque. Hay un par de parejas haciéndose fotos con el vestido tradicional. Me sorprende porque una de ellas es china, y ella no parece hablar muy bien Japonés; de hecho le cuesta bastante andar con el げた, la sandalia de madera típica japonesa. Tienen un séquito de por lo menos 4 fotógrafos.

En el parque no hay mucha gente y se disfruta bien del silencio y el momento reflexivo. Tan sólo un matrimonio con su hija pequeña y un par de salary mans solitarios que no haven mucho ruido. Hay un par de escenas que inmortalizo antes de salir de allí.

Decido ahora, y puesto que estoy en Kobe, que voy a probar la famosa carne de aquí. Busco en tripadvisor y escojo un sitio que parece bastante bueno. Me muevo allí en metro hasta Sannomiya, algo así como el centro de Kobe, con tiendas y gente por todos lados. Por supuesto en el restaurante hay que hacer cola, pero al rato nos sientan a todos. Por dentro es bastante grande, y hay un montón de mesas con plancha incorporada. Me sientan junto a una familia de chino-japoneses. Hablan perfectamente Japonés, pero se les nota el acento y los rasgos chinos. Son 3 generaciones las que se sienta en la mesa: padres, hija y 2 nietas.

Pido el steak especial que lleva un poco más de grasa y se supone más sabroso. Al rato viene el chef y empieza a cocinar allí en directo, sin trampa ni cartón. Se puede ver como prepara la menestra, que consiste en unas setas y algo que no sabría decir que es, junto con una especie de frutos secos que parece patatas enanas. Después se dispone a preparar la carne. Me pregunta que cómo quiero la carne. Entiendo la pregunta, pero no se como se dice en Japonés “muy hecha”. El cocinero parece entender y finalmente me la prepara como a mí me gusta. La preparación resulta bastante curiosa de ver y se nota la habilidad del cocinero.

Cómo el pedazo de carne. Salvo que la carne es más blanda de lo normal, mi paladar no me permite apreciar más rasgos que la diferencia de otros tipos de carne. Es evidente que está bastante buena, pero no soy el tipo de persona que podría apreciar algo así. Después de gastarme 50 € en un trozo de 200g de carne, me convenzo a mí mismo de que ha merecido la pena, sobre todo por la experiencia, y salgo de allí. Por supuesto me dirijo inmediatamente a un konbini a comprarme mi arrebatado postre.

Bistrot París

Mientras tomo el postre paseo por la ciudad. Encuentro un santuario que ni me molesto en descubrir qué nombre tiene. Está bastante bien, y me paro unos minutos a observar a las gentes de distintos estratos rezar a los dioses shinto realizando el ritual tan ensayado desde que eran niños. Justo al lado del santuario están construyendo un rascacielos nuevo y está ya bastante avanzado. Se puede ver la estructura interna de las vigas y a los trabajadores levantando nuevas plantas, todo ello acompañado por el sonido estridente y metálico de las estructuras apretujándose unas con otras. Me gusta la estampa: lo moderno frente a lo tradicional en perfecta sintonía.

Sigo dando vueltas por Kobe, sin rumbo fijo. Empiezo a notar la falta de siesta y las horas de vigilia que llevo dando vueltas. Me duelen los pies y tengo varias ampollas de estos últimos días, por lo que cojeo un poco. Llego hasta el barrio internacional, que tiene varios restaurantes y bares con temático internacional, así como algunas edificios al estilo occidental. Decido pararme en uno de ellos que recuerda a Francia. Me siento y me pido un té, que por cierto me cuesta casi 7 €, cuando en el mercadona por ese mismo precio tienes una caja de 500. Supongo que estoy pagando más el sitio que otra cosa.

En la esquina hay un señor de unos 50 años con traje y sombrero comiendo. Me llama la atención pero sigo a lo mío. Pronto establecemos una conversación en inglés, y resulta que es el dueño del local. Desde la terraza no para de dirigirse a los transeúntes en un perfecto japonés. Resulta que lleva más de 25 años viviendo en Kobe y tiene varios restaurantes por la ciudad, todos ambientados en Francia. Seguimos hablando de manera muy amena y agradable sobre temas varios: la vida en Japón, sitios recomendados de Kobe, etc. También da la casualidad de que es su cumpleaños. Los empleados del restaurante le acercan un plato especial a modo de cumpleaños y le felicitan allí mismo. Yo observo la escena como un espectador invisible. El tío sabe vender bastante bien por que no para de meter personas al restaurante: ahora una coreana que se para ver el menú, ahora un par de amigas japonesas que paseaban por allí, ahora un grupo de jubilados que está de visita por Kobe, etc.

Bistrot París

Me despido de allí agradeciendo al buen hombre la conversación y me dirijo entonces hasta el puerto de Kobe. Primero paso por le barrio chino, que es bastante resultón y está a reventar de gente. Todo está lleno de yatais con productos típicos chinos, pero yo ya no tengo hambre así que no compro nada. Sin embargo, a la primera oportunidad que tengo, compro un dorayaki en el Seven Eleven, que son mis favoritos.

Llego al puerto de Kobe, que no tiene mucho de especial, pero estoy un rato allí sentado descansado y observando a la juventud japonesa. Está lleno de parejas. Una en especial me llama la atención, porque no paran de echarse fotos los unos a los otros con una cámara reflex bastante buena; pero nunca ninguna de ellos 2 juntos. Es probable que no les llegara el presupuesto para un trípode, pero me inclino más a pensar qué simplemente los japoneses son así.

Abandono Kobe con la impresión de que es una ciudad interesante, más intercultural que todas las que he visitado hasta ahora, y que me gustaría volver en el futuro. Desde luego no para tomar la carne, pero sí para pasear y seguir descubriendo rincones y gentes interesantes.

Llego a Osaka donde he quedado con unos amigos para ir a cenar antes de volver a Nagoya. Mientras espero me tomo un Oolong Tea ウーロン茶 en un bar de la estación. Me sorprende el bar por lo 100% occidentalizado que está. Es un bar de aquí con Japoneses dentro, ni rastro de las cosas típicas de Japón. Cenamos en un local de sushi allí mismo en la estación. El sushi está bastante bien y sirven rápido. Yo me pido un set especial de sólo maguro (atún), mi sushi favorito, y me lo acabo bastante rápido. Conversamos en japonés (o al menos lo intentamos) sobre varios temas: trabajo, viajes, etc. Me gusta porque he podido practicar bastante el idioma

Al terminar pagamos, y me despido, esta vez ya si para coger el tren de vuelta a casa. En total he cogido hoy 16 trenes, si contamos shinkansen, lineas locales y metro. No está mal para un día. Llego a casa bastante tarde y cansado, pero todavía me quedan fuerzas para escribir este diario. Aun no he preparado nada del viaje para mañana, pero por la mañana Dios proveerá.

Bistrot París

Diario de Jornada 6 - 30-03-2016

Me levanto sobre las 8:30 y me dispongo a preparar el día de hoy. No tengo ni idea de qué voy a hacer ni donde voy a ir, así que abro Google Maps y me pongo a ver sitios cercanos a mi posición actual. Enseguida Takayama llama mi atención, y conozco el sitio porque mucha gente ha estado allí y es famosillo. Miro horarios de trenes y en 5 minutos salgo por la puerta de mi hotel dispuesto a viajar a Takayama.

Llego a la estación con el tiempo muy justo, pero consigo reservar billetes a 5 minutos de la salida. El tren está lleno de extranjeros, y qué curioso, el tren no es el remanso de paz normal y corriente que puedes encontrar cuando viajas en Japón. Aquí toda la gente es ruidosa, hablan con ellos a voces, que si la música en los cascos a tope, etc. Esto significa también que Takayama estará llena de turistas, así que empiezo a pensar que quizá no fuera tan buena idea este plan.

Cuando llego a Takayama, decido que ya que estoy en la estación de autobuses, voy a ir a Shirakawa-go. Este pueblecito más arriba en la montaña es bastante pintoresco y famoso por la arquitectura y los campos de arroz. Cuando llegó allí encuentro que está absolutamente plagado de turistas, que sin duda han destrozado el encanto que una vez tuvo. Voy con el tiempo justo y como de konbini, doy una vuelta por el pueblo, y subo al mirador para ver la zona. Todo eso en aproximadamente 1 hora y media.

Satisfecho con mi visita, retorno de vuelta a Takayama. Una vez llego empiezo a dar vueltas por la ciudad a ver que me voy encontrando. Visito la zona de casitas con arquitectura clásica; ni que decir que vuelve a estar lleno de turistas y casi no se puede ni andar. Además, las casas han sido convertidas en tiendas de omiyages おみやげ enormes, que tienen de todo, pero están configuradas 100% para los turistas, así que poco se puede encontrar de tradicional o auténtico. Decido seguir caminando y alejarme de la zona turística. Así, salgo a una zona de periferia y doy un paseo por aquí. Puedo ver gente normal por las calles y no hay turistas; un vistazo más a la vida diaria de los japoneses me satisface por el momento.

Busco en Google sitios o zonas del pueblo que puedan ser interesantes. Me marca un santuario cercano y decido ir para allá. Llego 10 minutos antes de las 5 y soy la última persona en entrar, ya que cerrarán a las 5:30. No tengo ni idea que hay dentro de este “santuario” pero la entrada cuesta 480円, así que mi escepticismo y descontento va en aumento. Todo queda disipado cuando me quito los zapatos y piso el tatami. Resulta que es un edificio del gobierno Tokugawa que se conservar entero casi por completo. Quedo absolutamente maravillado con lo grande y bien conservado que está. Todo tipo de salas, con tatami completo, un jardín japonés auténtico, puertas correderas, etc. Todos los elementos de la casa japonesa clásica se han dispuesto aquí con una gracia y estilos bellísimos.

Paso un buen rato observando y sintiendo cada uno de los rincones de la casa, y leyendo un poquito sobre para qué sirve cada sala. No puedo creer que la típica estampa que vemos en películas o mangas ahora la esté viviendo en vivo y en directo. Las vistas desde el dormitorio principal al jardín son espectaculares, y deseo en mi interior poder construirme algún día una casa como esta. Ni que decir tiene que soy un auténtico fan de las casas clásicas japonesas: ese estilo ausente de muebles por completo, muy minimalista, y con un enfoque muy hacia el jardín componen para mí unos alicientes difícilmente superables.

La casa en sí era la oficina local del gobierno de la era tokugawa o bakufu 幕府, y por eso es tan grande y con tantas salas. A toda esta experiencia se une el hecho de que estoy completamente sólo y no se oye ni un alma, la temperatura es perfecta (ni frío ni calor) y en mis adentros recuerdo escenas del Lobo solitario y su cachorro como si las estuviera viviendo allí mismo.

Se conserva también un edificio de almacenaje con todos sus artilugios y detalles tal cual se usaban antaño. Ahora se exponen en un museo junto con todo tipo de documentos históricos auténticos. Es increíble lo cuidada que está la exposición y la cantidad de artilugios y cosas interesantes que posee. Es una pena no poder leer japonés puesto que la mayoría de carteles y explicaciones no están traducidas al inglés. Están cerrando a medida que avanzo por la exposición, y expreso mi contento en japonés cada vez que me cruzo con algún empleado del museo.

Salgo de allí maravillado siendo el último visitante, pensando que la visita a Takayama ha merecido la pena con mucho tras la experiencia de lo que probablemente sea la casa japonesa tradicional de la época mejor conservada de todo Japón. Al salir sigo dando vueltas por el pueblo, y me paro en un café de corte occidental a leer un rato y tomarme un té. Cuando termino me dirijo a la estación, pero antes paso por unas cuantas tiendas de omiyages a ver que encuentro. Las tiendas de omiyages japonesas tienen de todo, y están especialmente bien ordenadas y presentadas. Tengo tentación de comprar un par de regalos que tengo en mi lista, pero decido esperarme a Tokyo para no tener que cargar con ello mañana.

Durante el viaje de vuelta a Nagoya, pienso y busco por internet sobre qué hacer mañana. Al final resuelvo que voy a visitar la península de Izu, al sur del Monte Fuji antes de llegar a mi siguiente destino: Yokohama. Antes de llegar al hotel reservo los billetes de tren y compro una cena ligera en el konbini. Ya en el hotel veo un dorama por internet mientras ceno, pero no me gusta y lo quito a mitad. Mañana será un día interesante.

Diario de Jornada 7 - 31-03-2016

Séptimo y último día de Japan Rail. Dispuesto a aprovecharlo a fondo, salgo de Nagoya dirección Atami. Mi objetivo es visitar la parte este de la península de Izu. Tengo una vaga idea de lo que voy a encontrar aquí, y decido improvisar en base a esto el resto del día.

Llego a Atami sobre las 10 de la mañana y doy un paseo rápido por la ciudad. Visito el templo local más importante, que no es nada del otro mundo, pero me sorprende por lo entusiasta que está todo el mundo: aun a pesar de que es un templo sin nada en especial, tienen de todo: instagram, facebook, folletos con dibujos, mascota, un bar al lado vendiendo productos típicos, un muestrario de amuletos y un montón de trabajadores envueltos en todo aquello. El entusiasmo me parece digno de mención y la verdad es que el ambiente que se respira es muy positivo y agradable.

Salgo de allí y continuo mi viaje, me dirijo ahora hacia la costa para ver un poco el mar y los barcos. Por el camino me cruzo con varios callejones y templos típicos Japoneses. Uno de estos templos tiene un enorme árbol de cerezo que está a plena floración ya y está empezando a perder las flores. Parece como si estuviera nevando. Cerca de allí se está celebrando un funeral. El complejo del templo está repleto de lápidas mortuorias.

Llego hasta el puerto, yendo aquí y allá por las tortuosas callejuelas típicas de las ciudades japonesas. Ya en el puerto, me recuerda a Águilas, que es donde he pasado muchos veranos y guardo buenos recuerdos de infancia y no tan infancia. El olor a gasolina de barco y agua salada mezclados de mar evoca en mí recuerdos difíciles de expresar en palabras. Al lado observo a una familia de japoneses; me llama la atención el padre: se le ve muy entusiasta y disfrutando de tiempo de calidad con los niños. Habla perfectamente inglés y me pide que les saque una foto a los 4 juntos. Me voy de allí pensando que probablemente la mayor parte de su vida se la haya pasado siendo un salary man de diccionario y ahora está recuperando el tiempo perdido con su familia. Este pensamiento de alguna manera me enternece.

Regreso pues a la estación de Atami. Por el camino callejeo un poco más por el pueblo y observo tiendas de productos locales y un poquito más de vida cotidiana japonesa: niños que van solos a coger el autobús o al colegio (algo que aquí sería impensable ver!), trabajadores descargando mercancías u obreros haciendo obras de mantenimiento de calles, etc. Mi siguiente destino es Shimoda 下田.

Esta ciudad está mucho más al sur y tardo aproximadamente una hora en llegar. Mi vagón está lleno de señores jubiladas muy graciosas. Reina un buen ambiente y disfruto además de buenas vistas, ya que la ruta del tren discurre por la costa y se pueden observar bien los pueblos costeros y las formaciones de roca que contrastan con las olas del mar. La estampa resulta bella y aprovecho y grabo varios vídeos.

En Shimoda, lo primero que hago es buscar algún sitio para comer. Este pueblo es bastante pequeño, como es lógico no hay turistas, y tampoco hay mucha oferta de restaurantes. TripAdvisor me recomienda el considerado mejor restaurante de sushi del pueblo y me dirijo hacia allí. Entro en el local, está completamente vacío, y me atienden el chef y su mujer de manera muy amable. No hablan nada de inglés, pero me entiendo con ellos lo mejor que puedo para pedir el menú. El chef me recomienda un set de sushi “estilo shimoda” 下田スタイル” a lo cual accedo.

El set lleva un montón de sushi, mayormente nigiris, de colores y pescados totalmente raros. Veo como prepara el set en directo y me explica lo mejor que puede qué es cada pieza. Al acabar, le pido que me recomiende por favor algún sitio para visitar en Shimoda, ya que no tengo ni idea de donde ir a continuación. Establecemos una corta conversación sobre un mapa que tenía por allí, y me lo acaba dando. Nos despedimos mutuamente y continuo mi camino.

Voy ahora a dar paseos por el pueblo. Primero encuentro un santuario junto a un museo dedicado al primer encuentro que se produjo entre Estados Unidos y Japón. El comodoro Perry jugó un papel clave en la apertura de Japón al resto del mundo, y parece ser que el punto de entrada fue precisamente el puerto de Shimoda. Sin embargo, el museo me parece caro para lo que contiene (cuesta más que el de Takayama!) y decido no entrar.

Sigo paseando por la ciudad, que está bastante bien cuidada y resulta agradable. Continuo hasta subir a un mini-monte costero que es a la vez un parque con multitud de flora y miradores. Se puede observar toda la bahía de Shimoda, las formaciones rocosas y a lo lejos barcos pesqueros y grandes buques. La estampa es bastante bella. El día en sí acompaña, puesto que hay una ligera niebla y no se ve el sol, pero no tanto para resultar deprimente. Desde uno de los puntos de observación, se puede ver un acuario abierto donde está realizando un espectáculo con delfines. Tengo tentación de bajar y echar un vistazo, pero apenas tengo tiempo hasta el siguiente tren.

Antes de continuar mi viaje, de camino a la estación decido parar en una cafetería de corte occidental. Me pido un bollo de pasta de judía roja que no es dorayaki どら焼き, lleva bastante más azúcar y en general está menos bueno muy a mi pesar. Está claro que el dorayaki del Seven Eleven es insuperable, y llevado por este sentimiento me compro uno según llego a la estación. En la estación me compro un llavero del Monte Fuji que me hace mucha gracia. Lo añadiré a mi colección de llaveros de este viaje que estoy construyendo en secreto :)

Voy ahora hacia Ito 伊藤, otra ciudad costera un poco más arriba de Shimoda. Al llegar me siento un poco cansado, hace un poco de frío y está chispeando ligeramente. Es casi de noche ya y empiezo a notar el bajón de estar todo el día hacia arriba y hacia abajo. He leído en internet que Ito es famosa por sus onsen 温泉, que son fuentes de agua manantial caliente proveniente del suelo. Decido entonces buscar un sitio para pasar un rato en las termas. Tras probar 3 o 4 que ya estaban a tope, encuentro uno que sólo cuesta 1000円 con toalla incluida.

Las aguas termales son una maravilla, y el sitio la verdad es que está realmente bien. No es exterior, pero está situado en un antiguo refugio militar y la estampa es bastante curiosa y digna de mención. El ritual del onsen es bastante simple: completamente desnudo, primero te tienes que lavar bien a conciencia con jabón: la idea es que al entrar en la bañera de agua termal ya estés completamente limpio. Me ducho pues a conciencia, y entro en la bañera. La bañera, o ofuro お風呂 está construida en madera, mide unos 1,5x2 metros, en donde quepo bastante bien, y el suelo está conformado de piedras. En profundidad es aproximadamente unos 45 cm. La temperatura del agua es la típica de los onsen: unos 45º.

Paso allí una aproximadamente 30 min. En el ritual del onsen normalmente estás 5-10 minutos y sales a despejarte durante 1-2 minutos para luego volver al agua, si no se puede hacer duro, ya que hace bastante calor y es fácil agobiarse si no estás acostumbrado. Ni qué decir tiene que las aguas termales son beneficiosas a varios niveles, especialmente para la piel y el cansancio. Mientras escribo estas palabras noto el efecto relajante y purificador, y mi piel está bastante suave y tersa. Las aguas termales son una tradición milenaria en Japón. En occidente también solíamos tener tradición, pero la perdimos hace siglos. Así pues en Roma era lo más normal del mundo tener los baños públicos e ir allí a bañarse y socializar, tal y como se hace hoy día en Japón. Hay un manga que recoge muy bien las similitudes que hay entre estas 2 civilizaciones y su relación con las aguas termales; se llama “Thermae Romae”.

Tras el baño, salgo rejuvenecido y bastante relajado. La brisa fresca del mar ahora sienta bastante bien mientras doy un paseo por el pueblo. No hay nada más interesante que ver aquí, así que después de dar una vuelta por la zona, decido poner fin a la jornada y dirigirme a Yokohama, que será el final de mi trayecto. Para ello cojo 2 trenes locales y finalmente un Shinkansen. Este será el último uso del Japan Rail de este viaje. Estoy contento puesto que lo he aprovechado bastante.

Ya en Yokohama, voy directo al hotel, que está al lado de la estación. Está bastante bien para ser 3 estrellas, y desde mi ventana en el piso 11 puedo ver la ciudad en todo su esplendor, lo cual me encanta. Decido no cenar ya que me he ido hinchando a dulces おかしい a lo largo y ancho de toda la península de Izu y ahora hay que compensar. Mañana toca el turno a Yokohama, primera vez que estoy en esta ciudad.

Diario de Jornada 8 - 01-04-2016

Me levanto con los primeros rayos del alba que caen sobre mi habitación de hotel en el piso 11. Nada más levantarme, preparo muy por encima el viaje, buscando los puntos más importantes y relevantes de la ciudad y marcando en favoritos en Google Maps. He descubierto que Google Maps es una muy buena guía de viaje, te recomienda, hay fotos de casi todo y están todos los puntos relevantes marcados, con información de Wikipedia, etc. Una maravilla!

Salgo pues desde Shin Yokohama a visitar la primera atracción. Se trata de un parque menor llamado Kamon yama. Los cerezos están ya a su máximo estado de floración, pronto empezarán a perder las hojas. Como es sábado, ya hay gente en el suelo preparándose para el hanami. Más abajo en el parque hay un jardín japonés muy pequeño, pero bastante bien cuidado y con un enorme cerezo en flor coronándolo. La estampa es bastante idílica. Hay varios madrugadores sacando a pasear al perro y unos cuantos matrimonios paseando.

Justo al lado de este parque hay un pequeño santuario local que decido visitar también. No hay nada a destacar, salvo que toda la entrada (en cuesta y con escaleras), están coronadas con sendos cerezos, por supuesto en flor. Además hay 2 grandes torii 鳥居, la típica construcción shinto que marca la entrada a territorio sagrado. Hay una pareja haciéndose fotos y el sacerdote principal junto con varios ayudantes con sus vestimentas tradicionales están poniendo el santuario a tono. Está claro que se van a casar esa mañana oficiando la ceremonia shinto. Por supuesto llevan el kimono tradicional.

Salgo de esta zona y me dirijo ahora hacia el puerto. Justo al lado hay un complejo recreativo de todo tipo llamado みなとみらい, algo así como el “puerto del futuro”. Hay una gran noria プロメナード, un parque de atracciones para niños y un montón de restaurantes. Incluso hay un barco-museo enorme que no tengo tiempo de visitar. Antes de continuar necesito desayunar, y voy a hacerlo por una vez en este viaje, en un sitio que no sea de konbini.

Encuentro una tienda de donuts y me pido un par de ellos junto con un cola cao (en japonés se dice cocoa ココア). A pesar de la adultez, sigo prefiriendo el dulce por la mañana, y ni una sola vez de todos los días que he pasado en este país me ha apetecido desayunar lo típico de aquí, que básicamente es lo mismo que en la comida y en la cena, arroz y más arroz, y luego fideos. Sigo prefiriendo un colacao y un dulce, como se les da a los niños. Supongo que Freud tendría algo que decir de todo esto 😛

Paseo un rato por esta zona. Las vistas son bastante espectaculares, puesto que hay rascacielos para dar y tomar, y el mar está un poco picado. En esta zona hay varios parques con cerezos plantados, así que aprovecho y echo unas cuantas fotos. Hay un edificio antiguo que se ha reutilizado como centro comercial. Justo al lado hay una exposición de algo así como huevos de pascua y conejos. Me sorprende puesto que los japoneses no celebran la pascua, y me doy una vuelta a ver que tal. Hay algún que otro arreglo floral, pero destaco una escultura de un arpa junto a una nota musical que me parece graciosa y decido echar una foto.

Continuo mi camino por este parque. Es bastante grande y estoy paseando un buen rato. Me siento unos segundos frente al mar para pensar, y a la mente me viene el recuerdo de la verdaderamente trágica y triste historia de Tojin Okichi que aprendí ayer en Shimoda. Resulta que hay un libro que se ha traducido al inglés, así que decido que cuando vuelva de viaje lo compraré. A todo esto hace un día nublado maravilloso, y la visión de tanto rascacielos produce en mí el recuerdo del manga cyberpunk Akira. Estoy escuchando a la vez a Hawkwind y remato así la experiencia futurística.

Sigo caminando sin rumbo fijo, hasta que llego al barrio Chino de Yokohama. Este barrio chino es uno de los más grandes de todo Japón. LAs entradas están marcadas con unas impresionantes puertas de estilo chino muy decoradas. Dentro del barrio en sí, está todo lleno de puestos callejeros de comida china y tiendas de baratijas y omiyages varios. También hay un templo cerca que decido visitar. Está decorado con un estilo muy muy recargado, estilo Chino típico, y me quedo asombrado con el interior: todos y cada uno de los rincones está tallado con alguna escena o figura de la historia china. Sin embargo, a los 2 minutos llega una mujer diciéndome que para entrar en el templo tengo que comprar y poner un incienso en la entrada. Respondo educadamente que no lo sabía y salgo de allí sin más dilación. No pienso realizar ningún rito para poder ver el patrimonio cultural legado por ningún pueblo. Es como si se me obligara a realizar los rituales sintoístas al visitar cada santuario o a realizar la santa misa cada vez que visito una iglesia. Un poco absurdo.

Esta visita al barrio chino aviva en mí las ganas de visitar el enorme país Chino y aprender un poquito más sobre su historia. Por otro lado, el olor de la comida china ha despertado en mí las ganas de comer, pero no comida china, que no es santo de mi devoción, sino comida de mi tierra. Así que decido buscar un restaurante Español por la zona. TripAdvisor se pone rápidamente en sintonía conmigo y me recomienda uno en la estación de Yokohama.

Me dirijo hacia allí. Ya en el restaurante (que por cierto, está en una planta 6) me toca hacer un poco de cola, mientras echo un vistazo al menú. Está en español y japonés, y me decanto por un menú no muy típico, pero que parece decente: una tapa de entrante que lleva un trozo de jamón, un poco de ensalada con legumbres (que no se que nombre tiene esto en español!) y algo más que no recuerdo. De primero hay paella de marisco y de segundo bistec de ternera. Adicionalmente pido una tapa de pulpo a la gallega, porque sospecho que me quedaré con hambre.

La escena es bastante pintoresca y me rio hacia mis adentros: yo, un español, rodeado de japoneses en un restaurante de comida española. Algunos me miran así de reojo, y tengo la tentación de levantarme y decirles “sí, soy español!”. Cuando me sirven, le pregunto a la chica que si hablan Español スペイン語大丈夫ですか?. Es evidente que no. La comida en sí no estaba mal: el pulpo a la gallega es lo peor de todo, está claro que no saben prepararlo: está duro y chicloso, cuando el pulpo debe estar tierno. Las tapas y la paella en sí no están mal. La paella sabe demasiado a sushi, se nota la mano de un japonés detrás cocinando. El bistec tampoco está nada mal, y lo acompaño con limón, como se hace en Murcia.

Finalmente me sirven un postre. Qué curioso, aquí si sirven postre, pero en los restaurantes japoneses no. Me reafirmo así en mi creencia de que no servir postre es un rasgo cultural de la cocina japonesa, y que los occidentales les llevamos ventaja en este aspecto. Al salir del restaurante me dirijo al hotel a descansar de toda la mañana dando vueltas y preparar las actividades de la tarde.

Yokohama

Nada más salir por la tarde decido visitar el centro de Yokohama, justo al lado de la estación. Hay una marabunta de gente bastante grande, resulta un espectáculo increíble. Está todo lleno de tiendas y carteles por todas partes. Hay gente haciendo cola para comer en puestos callejeros, etc. Entro a echar un vistazo en varios tiendas, incluyendo unas cuantas de ellas de cosas frikis: manga, videojuegos, etc. Podría estar un día entero hablando sólo de las tiendas Japonesas, pero no tengo espacio aquí.

Cuando he terminado de dar vueltas, y ya ha caído el sol, me dirijo al parque de Sankaien 三渓園. Durante un par de días al año resulta que lo iluminan de noche y aprovecho que coincide justo ahora para ir a visitarlo. El autobús de ida está a reventar de gente, y se hace un poco incómodo. Una vez en el parque, la estampa es bastante idílica: cerezos en flor que caen sobre el agua, muy bien iluminados; la pagoda de 4 pisos coronando el parque, iluminada por completo; hace una tarde muy agradable, ni frío ni calor. Hay bastante gente, normal, pero eso no rompe la estampa y me congratulo por la suerte que he tenido de coincidir justo en esta fecha para visitar Yokohama.

Al salir me dirijo al rio Ookagawa. Este es el rio que discurren por la ciudad y el que está coronado por cientos de árboles de cerezo a lo largo de su curso y en ambos lados. Durante un par de semanas en el sakura, por la noche se iluminan, se colocan farolillos y puestos callejeros de comida, a modo de festival improvisado. Me doy un paseo por aquí, pensando en quizá tomar algo de cena aquí, pero no encuentro ningún puesto llamativo, además hay bastante colas para comprar algo y hay muy poco espacio para disfrutar de la comida, así que decido seguir mi camino.

Se está haciendo tarde ya, pero antes me gustaría ver la bahía de Yokohama iluminada. Todos los edificios tienen sus respectivas iluminaciones, incluida la enorme noria, los barcos, el parque de atracciones, etc. La estampa es bastante chula y me quedo un rato observando mientras escucho música. Antes de volver al hotel miro a ver si es posible subir al rascacielos más grande de la ciudad, que está en esta bahía también, pero descubro que sólo puedes si vas al restaurante de la última planta.

Al volver al hotel paso por un konbini para comprarme cena ya que no quiero gastarme más dinero, que ya me habían cobrado una buena pasta en el restaurante español. Encuentro un konbini algo especial que no había visto hasta ahora, pero tienen cenas un poco más elaboradas y calientes, así que por unos 1000円 me felicito a mi mismo por una cena bien avenida y doy fin a la jornada mientras escribo este diario. Mañana a Tokyo.

Yokohama

Diario de Jornada 9 - 02-04-2016

Empiezo la mañana con tranquilidad. Mi único plan del día es ir a Tokyo a hacer checkin del hotel y preparar lo necesario para empezar el curso el Lunes. Así que decido tomármelo con calma y duermo hasta bien entrada la mañana. Cuando ya están a punto de echarme del hotel, abandono las premisas y voy a desayunar. La mañana se ha despertado con una ligera lluvia. Desayuno en un café occidental que hay en la estación de Shin Yokohama. Nada destacable, salvo que me fijo en una pareja que están desayunando… ¡pasta italiana!

Desde el café decido que iré a Kamakura, ya que nunca siquiera me había planteado ir, y resulta que está bastante cerca y tiene mucho patrimonio cultura de Japón, así pongo rumbo inmediatamente hacia allí. Hay que decir que toda esta zona de Kanagawa, Yokohama, junto con Tokyo es todo una gran urbe y está muy bien conectado; para haceros una idea, la línea de metro de Yokohama normal tiene una parada en ¡Shibuya! Está todo muy conectado.

No tardo mucho en llegar a Kamakura. Ya en la estación se intuye que va a haber bastantes turistas, y estamos apretujados en el tren. Al salir en la estación la marabunta humana es bastante considerable, pero a estas alturas en Japón ya no me sorprende nada. Al salir de la estación me dirijo a la calle principal que lleva derecho al templo de Hachimangu. Esta calle principal está repleta de tiendas, muy al estilo Japonés, de todo tipo de cosas, ya sea omiyages, puestos de comida callejera, incluso algunas tiendas de corte más vanguardista y moderno: ropa, complementos, sombreros, etc.

Yokohama

La entrada del temple en sí es bastante grande y está imponentemente rodeada de árboles, aunque no son cerezos. Ha parado de llover y el ambiente es bastante fresco, lo que aporta a la estampa. Al fondo se puede divisar las montañas a varios niveles de lejanía, por lo que la estampa aumenta su belleza. Por último llego al templo. Es bastante grande, y por lo que parece, están montando un espectáculo o algo parecido en la base. Para ver el templo por completo hay que subir unas escaleras y desde ahí puedes acceder a las distintas partes, no sólo la principal, sino las secciones aledañas.

Continuo mi camino y me intento perder un poco para alejarme de la masa todo lo posible. En la zona hay varios puntos recreativos con bares, máquinas de refrescos, etc. Todo se configura en torno a un enorme parque, que aunque no es de estilo japonés tiene mucho de sus elementos: un gran estanque principal y muchos cerezos en flor alrededor. En este punto encuentro un rincón donde se está más o menos tranquilo y me paro allí a observar un poco la naturaleza: en el estanque hay muchas carpas o koi 恋, patos o kamo 鴨, e incluso algunas tortugas o kame 亀 (a los fans de Dragon Ball les sonará este símbolo :P).

Mientras estoy aquí observando llega una familia con 2 niños pequeños y se ponen a jugar con las palomas. Destaco aquí que en Japón he observado que las palomas son mucho más atrevidas en el resto de países. Aquí se acerca, se suben sobre ti y te atosigan todo ello con el objetivo de que les des algo de comer. En otros países no son tan atrevidas, supongo que es por que ya tienen la lección aprendida. En Japón es producto del amor a la naturaleza y respeto que tienen los japoneses por los animales, al menos con estos. Aprovecho y grabo un vídeo porque me hace gracia las chiquillas jugando con las palomas.

Decido ahora poner rumbo hacia el Gran Buda de Kamakura, la principal atracción de esta ciudad. Para ello puedo tomar un transporte público que te deja allí directo o callejear durante unos 40 minutos. Elijo lo segundo, aun llevando una mochila a la espalda. No me arrepiento, pues callejeando por las zonas aledañas y residenciales, se puede observar bien varios cosas. Uno: la arquitectura media de las viviendas japonesas de ciudades pequeñas; son parecidas a las occidentales, mucho más pequeñas como es normal, pero en estructura y decoración son parecidas. Dos: la estructura de las callejuelas. Son extremadamente pequeñas y tortuosas, aunque el Google Maps se las sabe todas, e incluso cuesta creer que por ahí quepan coches. Y tres: la tranquilidad. Incluso siendo domingo, que se supone a la mayor parte de la gente en sus casa, el silencio es sepulcral, y sólo se interrumpe cuando pasa una bici de una señora yendo a la compra, o una madre con sus 2 hijos paseando.

Consigo llegar por fin al Gran Buda, bastante cansado por la caminata, pero merece y mucho la pena. La figura del buda en bronze es absolutamente espectacular. Me quedo muy asombrado de verla al natural, tanto que decido buscar por internet más información sobre la construcción y la ingeniería detrás de esa obra. Resulta que no se sabe demasiado cómo se construyó, aunque si hay algunas posibles técnicas documentadas. Se construyo hacia el siglo 14, y en principio estaba cubierto por un templo, como el de Nara. Sin embargo, el templo fue destruido por varias tormentas y llegó un momento en que se acabó el presupuesto para construir o repararlo. Desde entonces, el Buda lleva a aire abierto, ¡desde más de 700 años! Es increíble que haya aguantado tan bien durante tanto tiempo, testigo de lo verdaderamente magistral de esta construcción.

Entro dentro para admirar su interior y ver más detalles sobre el proceso de ingeniería. Puedes incluso tocarlo para sentir el material. Ni que decir tiene que la visión del interior es increíble, y la verdad es que es hasta inspiradora, que hace tantísimos años se hubiera podido llevar a cabo algo así, “blows my mind”. La estatua antaño estaba totalmente cubierta de oro. Ahora, como es lógico, ya sólo queda el bronze, pero se pueden observar algunas trazas de oro por la parte de las orejas. Salgo de allí contento con la visita (sólo 200円!) y visito una tienda de omiyages. Me quedo un buen rato mirando cosas para coger ideas.

Es ya mediodía, así que necesito reponer fuerzas. Busco un restaurante de la zona cercano y acabo en lo que parece un restaurante familiar, que es bastante agradable y no está muy concurrido (sólo hay un par de familias japonesas). Tienen menú en “broken english”, pero me sirve para saber que estoy pidiendo. Decido pedir la especialidad local, que es el Shirasu-don しらす丼. Da un poco de cosa, puesto que el plato en sí es una base de arroz con mini-pescaditos fritos por encima. Incluye además un adobado de varias salas y se acompañada con unas cuantas piezas de atún, o maguro 鮪. Está bastante bueno y me lo termino con calma ya que no tengo prisa.

Salgo de allí y me dirijo entonces a la estación. Por el camino visito un Seven Eleven para comprarme un helado y sacar dinero del ATM. Resulta que no existe un sólo cajero en todo Japón en donde se pueda sacar dinero, excepto los ATM del Seven Eleven. Creedme, los he probado todos y no hay manera. Supongo que depende también del tipo de tarjeta que uses. Si tienes Visa a débito, olvídate y ve al Seven Eleven. ¡Ahorrarás horas!

Cuando llego a la estación está bastante llena de gente, como siempre. El tren de ida hasta Tokyo es de aproximadamente una hora, así que pillo un asiento “green” グリーン車, que es algo así como la primera clase en los trenes de la JR. Nada del otro mundo, excepto por el hecho de que está todo absolutamente automatizado: compras el asiento con tu tarjeta inteligente, y al llegar al vagón pasas la tarjeta por el asiento que has elegido, y ¡voilá! El asiento es tuyo hasta donde lo hayas pagado. ¡Qué maravilla!

Todo el trayecto en tren discurre por zona urbana. En este punto recuerdo el magnífico libro de Arnold J. Toynbee “Ciudades en Marcha”, en donde hace una descripción erudita, precisa y bien documentada como ninguna otra sobre el sujeto de las ciudades. Con su análisis intenta arrojar algunas predicciones sobre qué traerán las ciudades del futuro. El concepto de que las ciudades “se mueven” se observa mejor que en ninguna otra parte del mundo: es increíble que toda la zona de Kanagawa está totalmente urbanizada, y empieza a perder sentido el separar unas ciudades de otras porque a efectos, ¡ya son la misma! Lo mismo pasa en el mismo Tokyo: en realidad son diferentes ciudades que se han juntado unas con otras debido al crecimiento masivo. Sin duda un tema muy interesante.

El resto de la tarde lo paso en Tokyo, preparándome para las próximas 2 semanas de curso de conversación en Japonés. Hago la colada en el “coin laundry” コインランドリー del hotel y voy al Seven Eleven a comprar algunas cosas básicas. Veo en konbini a una gyaru ギャル, que es una tribu suburbana de Japón: chicas jóvenes extremadamente pintadas y con unas pintas muy pomposas y extravagantes. Es muy maleducada y se pone a gritar desde el cuarto de baño. Me hace gracia porque consigo entender algunas palabras, por lo que puedo extraer de este encuentro alguna lección provechosa.

Estas 2 semanas me dedicaré a explorar Tokyo a fondo mientras aumento mis conocimientos del idioma un poquito más.

Yokohama

Diario de Jornada 10 - 04-04-2016

No tenía pensado escribir diario de jornada en Tokyo, puesto que será un poco más rutinario, pero he pensado que por qué no, siempre hay cosas interesantes que contar. Así pues allá vamos.

Empieza el día lloviendo. Miro la previsión por internet y no parece que vaya a seguir lloviendo, así que me arriesgo y salgo sin paraguas. Mi previsión se cumple y para antes de salir. Hoy es el primer día de escuela y me dirijo hacia allí. Cojo el metro en hora punta y está absolutamente a reventar de gente. Estoy en el vagón y no necesito cogerme a nada porque estoy literalmente ensandwichado. Entiendo ahora la fase 1 del uso de máscaras: necesito comprarme para evitar los gérmenes más directos de el contacto con tantísima gente!

Llego a la zona de la escuela y aprovecho para desayunar en una cafetería del lugar. Hay todo tipo de bollos con nombres extraños, y sabores, no sabría muy bien como decirlo, pero digamos que en España la tradiciones de dulces y bollos es mayor.

Una vez en la escuela, nos hacen la presentación y los siguientes pasos a seguir. Puede echar un vistazo ya a los compañeros que tendré durante las próximas dos semanas. La mayoría son mujeres, bastante jóvenes, con nivel bajo-intermedio de Japonés. Las nacionalidades se concentran sobre todo en estados unidos y países centro-europeos, aunque también hay varios de China y Malasya, países en Asia oriental cercanos a Japón.

El test en sí consiste en una pequeña prueba de gramática y un test oral. Realizar ambas sirven para posicionarte en un nivel u otro de cara a equilibrar los grupos de la mejor manera posible. Como acabo antes el test, aprovecho y salgo a almorzar, y se une una compañera que justo acaba de terminar también. Hablamos un rato sobre las circunstancias que nos traen a aquel lugar. Ella está en un viaje en solitario de unos 2 meses, y lleva ya 2 semanas en Tokyo. Quiere hacer un poco de conversación (durante 2 semanas, igual que yo), antes de continuar el viaje que le llevará por más regiones del país. En este punto aprovecho y le recomiendo varios sitios que intuyo que le pueden gustar. Estamos un rato más conversando antes de volver a clase.

Al volver nos explican un poco el tema horarios, el cómo hay que ser puntual como un reloj y toda la idiosincrasia japonesa a la hora de tratar a los alumnos: sin duda un sistema muy rígido. Después de esta última explicación nos dejan libres y nos citan mañana a primera hora para empezar sin más dilación las clases.

Cuando salgo de clase, decido visitar la zona que rodea a la escuela, conocida como Sarugakucho 猿楽町. Busco varios sitios en Google Maps, y el más cercano que me recomienda es el barrio dedicado a los libros. Cuando voy allí encuentro cientos de tiendas con tenderetes expuestos en las calles, unas más pequeñas, otras más grande, pero en cualquier caso una variedad y cantidad impresionante. La mayoría, como es lógico, están en Japonés, pero hay unas cuantas que está en inglés. Además, contienen libros bastante raros, de segunda mano y ediciones de hace tiempo que ya cuesta encontrar. Estoy durante horas mirando libros y al final compro un par.

Hay otra tienda que me llama mucho la atención, que es una que contiene reproducciones de litografías famosas, o ukiyo-e. La tienda parece bastante vieja y el aspecto es muy de los años 20, lo cual contribuye al ambiente del momento. Salgo de allí decidido a comprar alguna antes de abandonar este país y traérmela de recuerdo a casa.

Sigo ahora mi camino y decido visitar el palacio imperial, en concreto la parte exterior del foso. Hoy es el día de floración mayor y los cerezos están preciosos. Se puede ver como se acerca al agua y hay varios barcos que se acercan a observarlo. Tampoco hay demasiada gente, por lo que el momento se disfruta aun más. Dentro del recinto doy un paseo por un parque, que tiene aun más cerezos y están todos hermosísimos. En general por toda la ciudad los cerezos están ya todos florecidos en su máximo esplendor, por lo que aquí y allá, la ciudad rebosa de belleza. Durante todo el día me dedico, pues, a echar fotos a aquellos que veo más bellos a mis ojos.

Después de visitar el palacio imperial decido que ya va siendo hora de comer, pero antes sigo paseando por toda la zona para encontrar un sitio decente. Mientras busco voy entrando en varias tiendas, aprovecho y hago un par de compras pendientes, entre ellas el tomo 1 de 子ずれ狼, o El Lobo solitario y su cachorro, un manga que no pude encontrar la anterior vez que estuve en Japón y tenía pendiente de comprar.

Finalmente encuentro un sitio de comida rápida y me pido un udón y unas cuantas fritangas japonesas. No están mal, pero nada del otro mundo: suficiente para salir del paso y a un precio muy competitivo. Además, el udón, al ser tan gordote, llena bastante. Aprovecho y observo bien el proceso de preparación optimizado del sitio, bastante curioso el ver todos los ingredientes conformar un plato de Udón que luego vemos en fotos y nos preguntamos cómo demonios lo hacen para que se vea tan bonito.

Al terminar de comer sigo dando vueltas por varias tiendas y lugares de la zona. Intento perderme un poco y encuentro un par de templos dignos de mención: el primero es un templo de estilo chino, que incluso tiene una estatua de Confucio en un rincón. No hay nada que destacar puesto que no está abierto y en verdad es una construcción moderna carente de interés. El segundo sí es más importante: es uno de los primeros templos de Tokyo, y está bellamente decorado con, como no, cerezos en flor. Se respira buen ambiente y da gusto estar allí. Leo por algún cartel que es también lugar de realización de diversos matsuri, y me apeno de no haber coincidido en tiempo con ninguno de ellos 😔

Decido entonces que es hora de un descanso y parto hacia el hotel. Conmutar en Tokyo es una maravilla a nivel logístico, pero sigue llevando un tiempo y dinero considerable. Hoy por ejemplo, sólo viajando por Tokyo, habré gastado unos 10€ y unas 2 horas, casi nada, pero muy poco considerando lo masiva que esta ciudad.

Después del descanso, tocar visitar Tokyo por la noche. Primero me dirijo al jardín Rikugien. Sin embargo encuentro que está cerrado, en contradicción con lo que había encontrado por internet. Utilizo el viaje desde aquí como lanzadera para ir hasta Naka Meguro. En esta zona, que discurre a ambos lados de un rio, hay algo parecido a lo que ya había visto en Nagoya: decoraciones nocturnas e iluminación de los cerezos, todo ello acompañado de los tradicionales yatais de comida callejera. Sin embargo, estos yatais son diferentes a los que se pueden ver en Nagoya, por ejemplo, no tienen los típicos carteles “baratos” y da la sensación de que son más exclusivos y más “pijos”. ¿Será porque estamos en Tokyo?

Cuando he paseado un buen rato por la zona, pongo rumbo a Shibuya con un objetivo muy claro: quiero ver la iluminación nocturna antes de volver al hotel y cerrar el día. Así que pongo rumbo a pata hasta Shibuya. Tardo en llegar aproximadamente media hora. Una cosa que me parece digna de mención es que en los barrios residenciales próximos a Shibuya, el cielo está muy iluminado, es decir, la contaminación lumínica es tan bestial que casi parece que sean las 4 de la tarde.

Llego a Shibuya, uno de mis sitios preferidos de Tokyo. Estoy dando una vuelta simplemente observando la zona, las tiendas, los carteles y el impresionante cruce, famoso en todo el mundo y una de las estampas más reconocibles de este país. Aun no me creo que pueda estar aquí, en vivo y en directo. Compro un par de cosillas más en el Bic Camera que necesitaba y pongo rumbo de vuelta al hotel.

Mañana empiezan las clases de verdad y seguiré explorando Tokyo: esta vez me centraré en el barrio de Harajuku.

Diario de Jornada 11 - 05-04-2016

Empiezan las clases en la escuela. En mi clase somos aproximadamente 10 personas, está igualmente repartido entre hombres y mujeres, y la mayoría son bastante jóvenes, entre 19-25 años diría yo. Además, todos continúan el curso que empezaron hace 1 año aproximadamente, por lo que me sirve para comprar el nivel adquirido por mí con el que se consigue tras un año viviendo en el país. Por ejemplo, en el descanso converso con una chica Polaca que lleva allí un año. Su nivel de japonés es bastante más bajo que el mio en varios aspectos: pronunciación, vocabulario y gramática. Me cuenta que su problema es que no practica fuera de clase, que vive con gente que habla inglés en el campus y no puede poner en práctica el idioma en el trato diario con los japoneses. Me da un poco de pena porque desde luego tras un año viviendo allí tu nivel debería ser, al menos el hablado, por las nubes, pero la chica parece todavía agarrotada. Intento darle algún consejo lo mejor que puedo en base a mi experiencia.

Las clases en sí son 100% en japonés como era de esperar, y consisten en básicamente que la profesora explica ciertos puntos relacionados con la fluencia en conversación y pinceladas de gramática, y entre todos repetimos y luego realizamos varias actividades en parejas o grupos conversando. La verdad es que el método, al ser tantos en la clase, como es lógico, no es todo lo óptimo que podría ser. Está claro que lo mejor es y seguirá siendo un profesor particular que te atienda a ti en lo específico y te haga hablar.

Después de clase decido ir a Harajuku, a explorar más a fondo la zona. Ya había estado en el pasado, pero no me había perdido por callejuelas y esta vez he aprovechado la ocasión para hacer eso mismo. Harajuku es un distrito de Shibuya, pero que ha crecido mucho en los últimos años y ganado notoriedad en Tokyo, especialmente por las modas suburbanas que pululan por allí. Harajuku es el centro de la moda más radical, extravagante y lunática que te puedes encontrar en Japón, y probablemente en el resto de países del mundo. Es por ello que la mayoría de tiendas de la zona están dedicadas a la ropa: todo tipo de marcas custom, diseños estrafalarios, gótico, lolita, etc. Todo estos géneros se dan cita allí, y como era de esperar, hay una cantidad de gente absolutamente bestial.

La mayoría de gente que se pasea por Harajuku son gente joven. Diría además que el público mayoritario es femenino de entre 16 y 25 años de edad, es decir, muy muy joven. Es normal ver por las calles gente vestida con estilos muy dispares y chocantes, allí es algo normal y no suena extraño a nadie. También hay muchos restaurantes y cafés donde la gente se restaura tras un largo día de compras. Me sorprende, la verdad, que haya tanta gente, siendo día laboral: una muestra más de lo masivo que es Tokyo, aun a pesar de que la gran mayoría de personas está trabajando o en la escuela, sigue quedando una masa dispuesta a pasear por la ciudad y abarrotar sus calles más famosas sin miramientos.

Antes de salir de Harajuku, decido comer por allí. Como me apetece pizza, busco un lugar cercano que las sirva. Encuentro uno en donde no están mal las pizzas que tienen, y al final acabo pidiéndome dos porque me quedo con hambre. La chica del mostrador es bastante amable y no acaba de creerse que esté pidiendo en japonés.

Cuando termino de comer me dirijo hacia el parte de Yoyogi. Este parque, uno de los más famosos y grandes de Tokyo está justo al lado de Harajuku y se puede ir a pie en unos 10 minutos. Arribo sin problemas y me doy una vuelta por allí. Hay bastantes cerezos, en pleno estado de floración, y muchísima gente debajo haciendo hanami 花見. Los cerezos empiezan a perder las hojas ya, por lo que el suelo se tiñe de rosa y los árboles se van transformado en verde.

Me siento en un banco a hacer yo también 花見 mientras escucho mi banda sonora predilecta. Hace una temperatura bastante buena, quizá un poco de frío de más, pero se está cómodo en el sitio. Observo la gente ir y venir y los pétales de sakura desprenderse por la acción de la ligera brisa. También hay mucha gente jugando: al frisbee, al badminton, palas de playa, etc. El ambiente es bastante bueno y saludable, qué curioso contraste con la ciudad masiva que rodea al parque y sus ruidos, contaminación, sus metros a reventar de gente, etc. Cuando ya llevo un rato allí sentado, decido poner rumbo al hotel para descansar y seguir por la tarde.

A la tarde voy a visitar Akihabara, ya que quiero hacer unas cuantas compras y se que me llevarán toda la tarde. Exploro Akihabara, sus callejuelas y sus tiendas a fondo, y prácticamente entro en todas las habidas y por haber de la zona en donde venden figuras. Las tiendas japonesas son muy caóticas: están diseñadas para llamar la atención, y además tienen que hacerlo de manera muy agresiva ya que la competencia es muy brutal, así que usan todos los canales posibles: visuales (hasta el techo y suelo están forrados de publicidad e imágenes sugerentes), y auditivo (sonidillos aquí y allá, músicas típicas de anime, etc.). También es curioso que muchas tiendas tienen en las calles aledañas a chicas vestidas de personajes de anime animando a los transeúntes con sus estridentes voces de anime y repartiendo folletos. Como digo, la lucha por la atención de los clientes es encarnada.

Cuando ya están cerrando las tiendas pongo rumbo a casa. Escucho mientras vuelvo “Hand. Cannot. Erase” de Steven Wilson, un disco bastante relevante cuando uno está viviendo en una ciudad muy grande.

Diario de Jornada 12 - 06-04-2016

Me dirijo a la escuela en la “sandwichera”, apodo que he elegido para el metro en hora punta. Ser un salary man y vivir esto a diario debe ser extremadamente estresante. En cualquier otro país esto sería imposible, pero en Japón, donde el sentido de la comunidad es tan enorme, el individuo lleva con resignación “cristiana” su papel de hormiguita dentro de la gran colmena que es el sentimiento de grupo.

Ha sido un día normal en clase, empiezo a notar el ritmo que nos dan. La profesa ha sido nueva (irán rotando según los días) y la verdad es que ha dado bastante caña: los ejercicios los hacíamos a la carrera y habla rápido y con expresiones y vocabulario medianamente complicados. Me gusta porque no nos permite que nos durmamos en los laureles y aumenta el ritmo y nivel de la clase; considero que gracias a esto estoy aprendiendo bastante.

Después de clase he ido a dar una vuelta por Nakano. Este barrio de Tokyo no lo había visitado en mi anterior viaje y me quedó pendiente. Lo más relevante de aquí, o al menos lo que suele salir en las guías, es el centro comercial Nakano Broadway. Este centro comercial contiene un montón de tiendas frikis de figuras, manga, anime, etc. tanto famosas (como Mandarake まんだらけ) como otras tiendas menores. El centro comercial tiene un estilo de los años 60, no se ha renovado con el tiempo, y justo ahora estaban celebrando el 50 aniversario.

Luego de dar un paseo por el centro comercial, he decidido ir a comer algo por la zona. He dado bastantes vueltas, ya que no encontraba ningún lugar de mi agrado. Esta zona es la típica de barrios de restaurantes y bares de Japón: calles estrechas, muchos locales con carteles llamativos, etc. Es bastante pintoresca y he hecho unas cuantas fotos. Finalmente he encontrado un sitio donde hacían okonomiyakis, al estilo de Hiroshima. El sitio estaba vacío y se estaba tranquilo, pero el dependiente-cocinero no parecía muy entusiasmado y eso le ha restado encanto al sitio. La comida en sí no estaba mal, pero en cuanto he acabado he abandonado el lugar rápidamente.

Luego he seguido dando vueltas por el barrio, alejándome ahora ya si de la zona comercial típica de las guías de turistas. He dado vueltas y visitado unos cuantos templos locales de la zona y finalmente un parque enorme. Es decir que la presencia del sakura en plena flor es especialmente notable, no sólo aquí, sino por todo Tokyo. Lejos de ser solamente un evento dedicado a parques y zonas más pintorescas, la ciudad (y en realidad todo Japón) está plantado de árboles de cerezo por todas partes. Así pues, en muchas calles principales suele haber hileras de árboles de cerezo, así como en la mayoría de templos, y otros rincones menores por toda la ciudad, incluso en domicilios particulares.

La idea de plantar tantos árboles fue muy buena, puesto que ahora la ciudad durante esta época del año desprende una belleza y alegría incomparables. Creo, además, que le dota de ese evento que se realiza anualmente y que ayuda a mantener a la ciudad viva. Esto se transmite, como es lógico, a los habitantes de la ciudad, que se les nota orgullosos y contentos de vivir aquí, y de que al pasear pueden admirar la belleza transcendente y transfiguradora del espectáculo natural de la floración del cerezo, incluso cuando se están realizando las tareas de lo más cotidianas. Me he sentado un rato en un templo a reflexionar sobre el sakura y el hanami en general, y me han venido a la mente varias ideas, especialmente una que relaciona el hanami con la filosofía budista zen proveniente de China y que tanta influencia tiene en los japoneses. Otro día escribiré sobre esto.

Después de Nakano me he retirado al hotel a descansar un rato. Por la tarde he vuelto a Akihabara, ya que me quedaban un par de tiendas por ver, aunque al final no he comprado nada. Lo reconozco, parte de la razón de que vaya casi cada tarde a visitar Akihabara es la sensación que produce el caminar por esas calles llenas de neones y luces y sonidos estridentes y llamativos: simplemente gusto de pasear por Akihabara!

Finalmente he ido a visitar Asakusa por la noche, la zona del parque de Sumida, que por la noche se adorna, como no, para presencia el hanami. Había muchos cerezos plantados en la vera del rio Sumida, y un montón de farolillos y focos iluminando la estampa. Había muchísima gente haciendo hanami de noche o yozakura 夜桜, que básicamente es lo mismo: sentarse en el suelo bajo los árboles para comer y beber en compañía de amigos, familia o pareja. La gente aprovechaba para hacer fotos a la Tokyo SkyTree, la torre más alta de Tokyo, y cuya cercanía a Asakusa permite realizar buenas fotos de noche. Durante estos días, la torre muestra un color rosa, característico del sakura, como parte de las fiestas que se viven por todo el país con este motivo. Los árboles empiezan a perder sus flores, y está toda la ciudad llena de pétalos rosa por todas partes, se acumulan en las esquinas y trasladan el rosa de los árboles al suelo. Esto tiene una palabra en japonés: sakura fubuki 桜吹雪, que literalmente significa: “tormenta de nieve de sakura”. Una muestra más de lo profunda que es la influencia de este fenómeno natural en la cultura japonesa.

Diario de Jornada 13 - 07-04-2016

Tokyo amanece con lluvia. No tengo paraguas, así que me mojo un poco de camino a la estación. Hoy está más lleno todavía el metro que en días anteriores y estoy realmente aprisionado por la gente. Tengo una señora detrás a la que le estoy clavando la mochila en la espalda, se queja en japonés y lo entiendo, pero no puedo hacer nada porque no puedo moverme en absoluto. Mañana procuraré llevar la mochila entre las piernas para no molestar al resto de pasajeros.

Nada más salir de la estación compro un paraguas. Es de los típicos estos que se ven en Japón que son transparentes, y me hace ilusión. Por 700円 la verdad es que el paraguas no está nada mal, y si puedo me lo traeré de vuelta conmigo a España. Mientras voy de camino a la escuela, un coche pasa al lado de la acera y me cala vivo salpicando el agua acumulada en una concavidad del suelo. Más o menos como en las películas. Nunca me había pasado algo parecido y la verdad es que me hace bastante gracia y me rio bastante de camino a la escuela.

Ya en la escuela, el profesor de hoy es de nuevo diferente de los días anteriores. Esta vez es un hombre. Nada más entrar se nota la gran energía que desprende, y la verdad es que la clase que da es espectacular, mucho mejor que las dos profesoras anteriores. El profesor se ha trabajado la clase bastante, tiene un montón de material hecho por él y diseñado para explicar bien los conceptos, y explica genial, y además de manera muy divertida y amena. Toda la clase está entusiasmada y nos lo pasamos genial. En nivel de japonés que usa es justo el que podemos entender, dando pinceladas de cosas más avanzadas, pero nunca llegando al punto en que no entiendes nada. Además usa expresiones del día a día que son las que transforman una frase normal en un discurso conversacional cotidiano. La verdad, salgo muy contento, deseando que todas las clases fueran de este hombre. Sólo ha dado una clase, pero el profesor Okuyama 奥山 permanecerá en mi recuerdo por largo tiempo!

Después de clase estaba lloviendo tan fuerte que no me sentía inspirado para visitar ningún sitio. He ido a Ueno para ver si paraba un poco y poder visitar los museos del parque, pero ha empeorado y he desistido finalmente. No obstante, he ido a comer por la zona antes de volverme. En concreto un restaurante de pasta italiana. He pedido espagueti con boloñesa que la verdad no estaban nada mal, y la ración era grande y a un precio más o menos decente.

Por la tarde he ido a ver la zona de Ikebukuro, un distrito de Tokyo cuyo mayor interés por la noche son las estampas nocturnas de carteles luminosas y las zonas de restauración y tiendeo: hay muchos centros comerciales y muchas tiendas y restaurantes donde los japoneses van a cenar después de una dura jornada de trabajo. He intentado subir al edificio Sunshine 60, el más alto de Ikebukuro, ya que hay un observatorio gratuito en la planta 60. Sin embargo, estaba cerrado hasta el 21 de Abril, así que mi gozo en un pozo! Lo mismo me pasó en Yokohama hace menos de una semana. En este viaje todavía no he visto ninguna estampa nocturna. Tendré que resalzirme en la Tokyo Tower o algo 😃

Poco más. La verdad es que el día ha sido un poco aburrido, difícilmente aprovechable por la lluvia y poco inspirado por mi parte. Mañana más!

Diario de Jornada 14 - 08-04-2016

Un día normal en Tokyo. He descubierto un pequeño truco para ir un menos atosigado en el tren: escoger un vagón con espacio para sillas de ruedas. Normalmente estos vagones no tienen asientos en la parte del fondo y caben más personas de pie. Además, este tipo de vagones está marcado en el sitio (en Japón te marcan donde se paran las puertas de los vagones para que la gente haga cola). Gracias a esto hoy he podido ir un poco menos apretado que los días anteriores. Kudos!

En la escuela ha sido un día normal, nada destacable. Los ejercicios que hacemos a diario los entiendo, y hemos empezado el keigo 敬語, que es la forma de hablar educada del japonés, algo casi único de este lenguaje y que es bastante enrevesado. Creo que mi nivel de pronunciación está por encima del de todos los alumnos de la clase. Es una suerte ser Español, puesto que los fonemas son tan parecidos, que el hablar japonés sin acento se agradece y mucho para la fluencia. Hay, por ejemplo, un americano en clase, y su pronunciación es tan terrible, que ni siquiera la profesora lo entiende. Pasa algo parecido a la inversa: para los japoneses, pronunciar el inglés correctamente es una odisea por la cantidad de fonemas que tienen y que el japonés no. Me asombro ante la plasticidad de las cuerdas vocales.

Después de clase he vuelto a visitar la zona de libros de Jimbocho, y he explorado más a fondo algunas de ellas. He comprado un par de omiyages que he visto adecuados y un libro para niños en Japonés para practicar por mi cuenta. Es probable que empiece a leerlo este mismo fin de semana, aunque no se si me enteraré de todo, mi nivel de vocabulario todavía es bastante bajo. He vuelto a comer en el sitio de Udon que comí ya el Lunes. Está bastante bien, sirven rápido, y es muy barato; es probable que vuelva a comer allí en el futuro.

He practicado mucho el japonés porque me he dedicado en todas las tiendas que entraba a preguntar cosas random a los dependientes: sobre omiyages específicos, libros, juegos japoneses y cosas así. El objetivo es usar el japonés en el día a día. Aquí me sorprende algo que no he experimentado: y es que la gente me habla directamente en japonés cuando yo inicio la conversación. Mi teoría es que el acento es tan bueno que dan por sentado que sabes hablar japonés. Sin embargo a los americanos o ingleses les pasa al contrario: aunque hablen japonés, puesto que su acento es tan grande, los japoneses asumen que no saben y te hablan en inglés. Un motivo más para alegrarse de que el español sea tu lengua materna.

Paseando más por la ciudad los cerezos en flor ya están practicando pelados. Ahora salen las hojas verdes y la estampa cambia bastante. En una semana todo el esplendor el hanami se habrá disipado: pero hasta el año que viene. Tengo pendiente volver a Japón en época otoñal: para ver los colores rojos y anaranjados de la hoja caduca otoñal; en Japón también hay tradición de esto y hay muchas estampas típicas y lugares diseñados específicamente para poder presenciar este otro fenómeno de la naturaleza.

Cuando me he cansado de dar vueltas, he vuelto al hotel como siempre. Ya me conozco a la empleada del konbini porque cada vez que voy al hotel paso por allí y ella está atendiendo las cajas. Siempre atiende, como todos los japoneses, de manera muy educada y atenta. Esto es algo en lo que se fija y luego recuerda por su ausencia cuando ya no está en Japón: en Japón, los cliente son básicamente Dios, y hay que tratarlos con todo el respeto que merecen.

Por la tarde he decidido ir a explorar un poquito más a fondo Shibuya. Este es uno de mis barrios preferidos de Tokyo, por una sola razón: los carteles luminosos. El simple hecho de estar y pasear por Shibuya es un monte mágico que no pierde su magia por muchas veces que lo haga, y ya llevo unas cuantas! Esta vez he entrado en todas las tiendas que he podido con el objetivo de buscar varios regalos y además practicar mi japonés con los dependientes o ten-in 店員.

He comprado varios omiyages que me han parecido muy graciosos. Estoy haciendo buena colección que luego repartiré entre las personas cercanas, amigos y familia. Es todo un reto pensar en qué puedes regalar de manera que el regalo sea adecuado, sobre todo cuando la otra persona no se lo espera!

Diario de Jornada 15 - 09-04-2016

Me despierto con 20 minutos de retraso sobre la hora a la que tenia que coger el tren para llegar con margen a la estación de autobuses de Shibuya. Tengo que salir a toda prisa, pero al final llego 5 minutos antes de la salida. Gracias a dios que los trenes japoneses respetan a rajatabla los horarios y lo bien que están señalizadas todas las estaciones. Tengo un titubeo en el sitio de donde sale el autobús. Resulta que está en la planta 5F de un edificio de Shibuya llamado Mark City. Sí, una estación en la planta 5, ¡no me preguntéis por qué! El caso es que Shibuya está construida sobre una pendiente, así que el edificio aprovecha la curva del terreno y salir de la planta 5 en coche es una sencilla cuesta. Muy curioso como han aprovechado la orografía del terreno.

Pongo rumbo pues al lago Kawaguchi. Este lago, y los pueblos que lo rodean, se asientan sobre la base del Monte Fuji. Hay 4 lagos más por la zona, pero en este viaje sólo tiempo para visitar el más importante y grande. Llego a eso de las 9 y lo primero que hago es ir a un konbini (¡gracias a dios que están por todas partes!) para comprar un desayuno. Aprovecho y compro crema solar porque el día tiene pinta de que va a pegar. Nada más comprar pongo rumbo al lago en sí.

Estoy caminando durante al menos una media hora por la orilla del lago. Hay un paseo y se está a gusto. Todavía no hay turistas, pero los encargados de los alquileres de barcos a pedales están ya listos para atender a los clientes. Rodeo el lago mientras a mi espaldas se descubre en todo su esplendor el Monte Fuji. Como hay una montaña en medio, hasta que no he rodeado medio lago no se descubre por completo. Estoy durante un buen rato buscando hasta que doy con un sitio perfecto justo a la orilla del lago; me siento a observar el Monte Fuji con detenimiento.

La zona es perfecta por varias razones: se está cómodo sentado en las rocas aunque parezca que no, es totalmente tranquila, no hay coches cerca ni gente a la vista. Sólo se oye el rumor del poco oleaje del lago y los graznidos de los cuervos, que se acercan curiosos, y aunque intento darles de comer, parece que no se enteran. El Monte Fuji se puede observar perfectamente, no hay ninguna nube que lo tape y el día es claro y cristalino. Sin duda una maravilla de momento que quedará grabado en mi memoria por siempre.

El Monte Fuji es uno de los iconos más importantes y conocidos del remoto Japón. Es además objeto de inspiración para artistas de toda clase desde siempre. Hasta tal punto es influyente, que no se entiende un arte o sensibilidad japonesas sin el Monte Fuji. Por cierto, es un volcán activo cuya última erupción se produjo en el siglo 18; además se puede subir cuando es temporada, en verano, y no cuesta demasiado. Como no, como todo este tipo de parajes en Japón, se puede subir en autobús sin problemas, esta todo listo y preparado para acoger a la masa que viene por la zona.

Después de un buen rato aquí sentado disfrutando de la mañana, de repente llega la masa a estropearlo todo. En concreto un matrimonio Chino con un hijo. Tienen la poca vergüenza de ver que estoy allí sólo disfrutando del momento y se acercan con su barco a pedales y literalmente se ponen delante y amarran el barco tapando el Fuji entero y se ponen a echar fotos. Me sorprende bastante la caradura de su actitud, pero luego recuerdo rápidamente que son chinos y que ahora entiendo un poco mejor esa enemistad que siempre ha habido entre ellos y los japoneses! Abandono el lugar y continuo mi camino.

Estoy andando un buen rato en busca de un santuario de un pueblo cercano. Hace bastante calor y me quito la chaqueta y el jersey para quedarme en manga corta. Menos mal que he traído la mochila y me viene genial para meter todo esto, y la verdad es que voy bastante cómodo! Al llegar al santuario me pierdo un poco y estoy callejeando. Puedo observar un poco más de cerca la vida de pueblo: por aquí no hay turistas y se puede ver a la gente del campo atendiendo sus quehaceres diarios. Se respira una tranquilidad bastante grande y yo me acuerdo de mi banda sonora preferida, aunque no la pongo porque no tengo los cascos a mano.

Llego al santuario por fin; es un santuario bastante antiguo, cosa que no sabía antes de llegar, pero que nada más verlo sin leerlo en los carteles, ya lo intuía. Los árboles que hay ahí plantados y que marcan la entrada y decoran todo el santuario son enormes; deben tener cientos, sino miles de años. Medirán por lo menos 2 metros de diámetro y unos 40 o 50 de copa. Son impresionantes, nunca había visto nada igual en ningún santuario, ni en los más grandes como los de Nara o Asakusa! La sombra se agradece un montón, y estoy un rato observando un rato el santuario. Apenas hay turistas, sólo unos cuantos japoneses.

Al salir me paso por una tienda que me llama la atención. No hay carteles ni nada, pero por fuera se ve que venden omiyages hechos a mano o algo parecido. Al acercarme una amable señora me invita a entrar y así lo hago. Es una tienda de pueblo muy humilde, en dónde además se sirve té y otras comidas. La señora se encarga de todo. Estoy echando un rato un vistazo y establezco una conversación con ella. Sabe hablar inglés contra todo pronóstico, y hasta un poco de Español! Me parece increíble que teniendo por lo menos 70 años sepa hablarlo tan bien! Probablemente haya viajado mucho a lo largo de su vida. Me hubiera gustado saber más sobre su vida. En la tienda compro una postal, un mini llavero y una taza para el té, todas decoradas con motivos del monte fuji. Le pregunto a la señora sobre cómo llegar al siguiente monasterio que quiero visitar y me dibuja un mapa en una postal. Muy amable la verdad. Decido no usar Google Maps para llegar allí a ver si el mapa era bueno. Spoiler: lo era!

Continuo mi camino. Para llegar al siguiente monasterio tengo que pasar por un túnel larguísimo ya que no hay camino a pie que no sea rodeando o sobrepasando la montaña. Es la primera vez que camino por un túnel a pie y no se lo recomiendo a nadie. El ruido de los coches es ensordecedor y el aire está bastante sucio y lleno de polución: cuesta respirar. Por el camino me encuentro a un par de japoneses, ¡haciendo footing! Están locos. Estoy andando durante por lo menos media hora y salgo por fin.

De camino a este monasterio me cruzo con un templo budista; hay mucha gente en traje oscuro, por lo que deben estar celebrando un funeral. Por el camino también me cruzo con un instituto. En el patio los alumnos están jugando un partido de beisbol o yakyu 野球. El baseball se introdujo en Japón en la restauración Meiji y desde entonces es uno de los deportes más populares del país, tiene hasta su propia palabra con kanji y todo, y no el típico katakana! Es tan popular que muchos japoneses ni saben que es un deporte importado de América y creen que es algo de allí de toda la vida.

Llego por fin a mi destino. Voy a visitar la pagoda de Chureito, situada en una colina en la base de un santuario local de la zona. Esta pagoda es muy típica de las fotos del Monte Fuji y cerezos en flor. Si buscas en Google “japan”, es la primera imagen que sale. La estampa es verdaderamente notable, no me extraña que se haya convertido en símbolo. Sin embargo, hoy el Monte Fuji está esquivo, y si por la mañana podíamos disfrutar de su desnudez, al mediodía la copa está cubierta de nubes y resulta imposible sacar una foto limpia de la pagoda con el Monte Fuji al fondo. Sin embargo, la vista del valle, el pueblo y el Fuji al fondo, aunque cubierto, sigue siendo extremadamente bella. Hay mucha gente, me compadezco de aquellos que traen equipo profesional de fotografía: ¡hoy no va a ser posible sacar la preciada foto!

Para subir a la pagoda hay que subir unas escaleras con muchos peldaño y acabo bastante cansado, así que estoy un buen rato aquí arriba simplemente descansado y observando al monte fuji rodeado de nubes. Al bajar me paso por el santuario local y compro un amuleto de buena suerte, o omamori お守り. No es para mí, es para regalar.

Decido pues volver de nuevo al Lago Kawaguchi para continuar con las actividades. Para ello tengo que coger un tren local (ni de coña vuelvo a entrar en el túnel!) y en media hora me pongo allí. Lo primero que hago es ir a comer el plato típico de la zona, el hoto ほうとう. El restaurante que elijo es un local justo enfrente de la estación y se puede ver el monte fuji con claridad, es un buen sitio. El hoto en sí es un estofado de fideos típico japonés: este fideo en concreto es grande y plano, y se le añade lo típico: agua, especias varias y trozancos de varios ingredientes como api, rábano japonés o daikon 大根, boniato, etc. La mezcla resulta bastante agradable al gusto. Se sirve en una olla de hierro caliente con tapa de madera y cuchara de palo junto con un bol más pequeño para servirse las raciones. No soy capaz de terminármelo, hay muchísima cantidad!

Al salir decido que antes de coger el tren de vuelta quiero hacer dos cosas: visitar un onsen para compensar por el largo día de caminatas y comprar unos cuantos omiyages. Pongo rumbo a la zona de hoteles con vista al monte fuji; me compro un helado, eso sí, para bajar el hoto mientras camino. Entro en varios hoteles, sin embargo no hay ninguno que ofrezca onsen para gente que no se hospeda; sospecho que al ver mis pintas simplemente me rechazan por que soy extranjero. Lo veo en sus ojos! Con mi gozo en un pozo vuelvo al pueblo y me paso por todas las tiendas de omiyages habidas y por haber. Compro unos cuantos, todos inspirados en la figura del Monte Fuji, bastante graciosos todo sea dicho.

Antes de rendirme con el onsen hago otra búsqueda más a fondo en google y encuentro un par de sitios, que no tienen vistas al monte fuji: es probable que estos estén menos concurridos. Y así es, encuentro uno bastante decente que por 1000円 + 300円 de la toalla me dejan estar todo lo que quiera. Hay sólo 2 o 3 personas y se está bastante tranquilo, así que me congratulo por el hallazgo! Este onsen en concreto tiene tres ofuros: uno interior y 2 exteriores. Además uno de los exteriores está fabricado en piedra de la zona y es bastante agradable a la vista. Al final pruebo las 3 bañeras y estoy un buen rato hasta que ya considero que es suficiente. Creo que mi etiqueta a la hora del onsen es buena, pero los japoneses me siguen mirando raro!

Me visto y doy una última vuelta por el pueblo antes de coger mi autobús. Me tomo un té verde o ryokucha 緑茶 caliente en la estación mientras espero al autobús y observo la actividad: hay muchos extranjeros por la zona, pero sorprendentemente la mayoría son asiáticos: chinos, coreanos y otros países de Asia y el pacífico. Finalmente subo al autobús y pongo rumbo a Shibuya: tres horas me separan del hotel y llego bastante cansado. Después de 25 km, ¡el día ha merecido la pena! Esas imágenes del Monte Fuji de mis litógrafos favoritos ahora cobran nuevo sentido. ¡Qué bella es la naturaleza!

Diario de Jornada 16 - 10-04-2016

Día de descanso. Por la mañana preparo todo lo necesario para cambiar de hotel. Me tengo que mover a Shinjuku ya que este hotel en el que estoy, si bien estoy a gusto, ya estaba todo reservado para la semana que viene. Me alojo ahora en un Toyoko-Inn, que son los hoteles para salary mans por excelencia. Esta cadena es bastante icónica, está por todas partes en Japón, y su cartel luminoso coronando los edificios es muy identificable: recuerdo bien entrando a las ciudades en tren ver este cartel.

Antes de hacer check-in voy a comer a un restaurante cercano. Me pido un plato de carne de ternera que está bastante bueno. El restaurante además lleva en el menú un buffet libre de ensaladas y postres bastante decente. Incluye una fonduè de chocolate con gofres y cosas así y me tomo un par como postre.

Por la tarde voy a dar una vuelta por la zona. Este hotel al lado del barrio de Kabuki-cho, uno de los peores barrios de Shinjuku, que es una gran zona de marcha con muchas discotecas, clubs nocturnos, bares de host / hostess y en general una zona donde se concentra gente de baja calaña. Se nota al pasear por aquí: el suelo está mucho más sucio que otras zonas de Tokyo y la gente en general parece menos amigable. Es sabido que en este barrio la yakuza tuvo una presencia importante, pero en los últimos años se han dedicado a hacer un poco de limpieza. No obstante no es preocupante, la sensación de seguridad es grande; Japón, aun en barrio de estos estilos, es de los países más seguros del mundo, y por la zona hay turistas y tiendas normales también: konbinis, tiendas de ropa enormes y restaurantes, entre otros, incluido el famoso restaurante Robot que en tantas guías de viaje sale.

Sigo caminando y llego pues a la estación de Shinjuku, que es, por cierto, la más transitada del mundo entero. Esta estación es un complejo gigantesco de vías, líneas (habrá por lo menos 10 o 12 diferentes), restaurantes, tiendas de todo tipo, etc. La zona de alrededor, además, está cubierta por todos los lados de grandes avenidas con todo tipo de tiendas en edificios de hasta 10 o 12 plantas. Hay muchísimos carteles luminosos y el ambiente nocturno es impresionante. Está todo a reventar de gente, aun a pesar de que es domingo, y aprovecho y voy a un par de tiendas que tenía pendiente.

En concreto son de las cadenas Disk Union. Primero visito una tienda de música clásica que me llama la atención por el cartel de fuera. Al contrario de lo que pueda parecer, los japoneses son muy amantes de la música clásica, y ya son varias tiendas que visito dedicadas en exclusiva a este género. La tienda en sí es grandísima y tiene muchísimo material, pero no es de las más grandes que he visto dedicadas a esto. Hay de todo: discos organizados por géneros, vinilos, libros de partituras, etc. Hay incluso unos cuantos omiyages, y aprovecho y compro un par de ellos que me parecen graciosos. Mientras lo hago pienso en los destinatarios.

Luego voy a visitar una segunda tienda de Disk Union dedicada en exclusiva a… ¡rock progresivo! Ni que decir que la tienda es una pasada: hay material de todo tipo de grupos y de géneros que nunca antes había visto en una tienda de música: progresivo italiano, progresivo japonés, etc. Hay muchos vinilos también, y me sorprendo al ver una edición especial de Warrior on the Edge of Time por 15.000円. ¡Un poco caro! Pregunto al dependiente por un par de grupos que estoy buscando, pero no tienen nada 😔

Bajo al sótano a seguir buscando y aquí por fin doy con el primer grupo. Un grupo de los años 80 japonés llamado Bi Kyo Ran 美狂乱. En concreto estoy buscando su primer disco, el mejor, para regalar a un amigo que se que le apasionan. ¡Y lo encuentro! Por sólo 1500円. Una buena alegría que me llevo 😃

Pregunto también por Kido Kyoumei 軌道共鳴 u Orbital Resonance. Este grupo es extremadamente raro, sólo sacó dos discos. El segundo lo pude comprar por iTunes, pero el primero se me resiste ya que no está por ninguna parte. Por supuesto aun a pesar de los esfuerzos del dependiente no consigue encontrar nada y salgo de allí sin más dilación.

Antes de volver al hotel sigo dando vueltas por la zona, por callejones y tiendas raras que voy viendo por el camino. En esta zona está todo lo típico: el Yodobashi camera, el Big Camera, los grandes Department Store de lujo, el Matsumoto Kiyoshi, Don Quijote, etc. Un día hablaré más sobre la estructura de las tiendas japoneses porque tiene su miga, por sus diferencias con el mundo occidental.

Cuando me he cansado ya de andar decido volver al hotel. La verdad es que Shinjuku por la noche, salvo las estampas de carteles luminosos, no tiene mucho interés si no vas a salir de fiesta o de compras dispuesto a gastarte mucho dinero, así que no merece la pena seguir. No obstante, Shinjuku es una ciudad grande con muchos atractivos alejados de la estación que aprovecharé para explorar estos días, ya que en mi anterior viaje no pude.

Diario de Jornada 17 - 11-04-2016

Día normal en Shinjuku. Me dirijo a la estación de metro con la esperanza de que esta ruta esté menos transitada que la que tomé la semana pasado. Error: está incluso más transitada! Está claro que en Tokyo no te libras de la hora punta estés donde estés. ¡Menudo horror! Empiezo a notar el agobio, no quiero imaginarme lo que tiene que sentir un salary man, atrapado en un trabajo que prácticamente te obliga, sin alternativa, a tomar transporte durante horas en esas condiciones. ¡Sólo un japonés podría aguantar algo así!

Hoy las clases de Japonés han sido interesantes, porque hemos ampliado nuestros conocimientos de japonés conversacional, que es bastante diferente al escrito. Además de los registros que dependen de la persona con la que hables, si eres más cercano o menos con el interlocutor, puedes ir eliminando partes de las frases, más o menos como hacemos en España, echa un vistazo a estos ejemplos:

  • Buenos días, ¿podría usted ayudarme unos momentos con este ejercicio? Muchísimas gracias, y perdón por las molestias.
  • Buenas, ¿puedes ayudarme un rato con este ejercicio? Muchas gracias!
  • Hey, ¿me ayudas con esto? Gracias!

En este ejemplo se ve el nivel de cercanía y formalidad del interlocutor. En Español es más sencillo porque consiste en añadir más palabras, pero sin cambiar las originales. En Japonés son las mismas palabras y las conjugaciones las que cambian, por eso se complica!

Después de clase he decidido ir andando hasta Shinjuku desde la escuela (a una hora y media más o menos) y visitar varios templos pendientes por el camino y de paso ver la zona de Chiyoda. Primero he visitado un templo local, que no tiene demasiado en especial, ya que es moderno, pero me ha llamado la atención la arquitectura: está inspirada en los templos originales de Ise, aunque el color es bien diferente. Además, había dentro del mismo templo un puesto callejero de comida que atendían los empleados del templo. Le he preguntado a la chica y me ha dicho que era anko あんこ, la típica judía roja, pero eran la una y no tenía gana de dulce, así que al final no he comprado.

Luego he ido a otro santuario sintoísta, este era más grande, y está dedicado a las víctimas de las múltiples guerras en las que Japón se vio involucrado a finales del siglo 19, incluida durante el tumultuoso periodo de la restauración Meiji; la más importante es la Boshin War o Boshin Senso 戊辰戦争, una guerra civil que marcaría el futuro de Japón y su transformación a lo que vemos hoy en día, y supondría el final de la romántica clase samurái con todo lo que ello implica.

El santuario es bastante grande. Tiene dos enormes Tori en la entrada y varios templos en el complejo, incluido un museo. Hay muchos cerezos plantados, aunque las hojas están ya todas en el suelo, por lo que al alzar la mirada uno no descubre rosa sino verde. Hay también unas cuantas tiendas de omiyages y puestos de comida, y aunque echo un vistazo, al final no me decido por nada y continuo mi camino.

Sigo andando hasta Shinjuku. Intento buscar algún restaurante decente pero no veo nada. Es casi ya las 2, por lo que es normal que la mayoría estén cerrados. Como la zona que estoy caminando no tiene mucho interés, entro en la primera boca de metro que veo y me dirijo hasta la zona de mi hotel. Una vez llego, paseo por Shinjuku de día un rato. La estampa es bien diferente de cuando es de noche, pero sigue siendo espectacular: se pueden observar bien los rascacielos y los grandes edificios comerciales; los carteles no se iluminan pero sigue siendo bastante vistosos. Está todo lleno de gente, como siempre!

Al final entro a comer en un sitio de buffet libre que sirve Nabe con sushi, todo lo que puedas comer sin límite! El Nabe 鍋 es un alimento típico de Japón, que consiste en una olla con caldo (yo lo elijo picante) al que se le echan ingredientes variados y cuando están listo se sacan a otro recipiente para comerlos. En este restaurante, y en los típicos de nabe, uno se cocina lo que prefiere, por eso las mesas llevan un horno en el centro. Me sirven el caldero de nabe y los ingredientes crudos aparte, y yo mismo me encargo de cocinarlos y comerlos cuando noto que están listos.

El restaurante además tiene una pantalla táctil para pedir lo que necesites. Le pido que me expliquen las instrucciones en inglés, solo para poner en aprieto al camarero 😛. Al final salen del apuro con elegancia y yo me entero de como hacer aquello funcionar 😃 El Nabe está bastante bueno, yo en concreto he guisado un montón de verduras, setas, etc. y carne de cerdo. También pido un trozo de pollo, pero no está demasiado bueno, o yo no se cocinarlo! Me pido unas cuantas piezas de sushi, que tardan muy poco en servir. Al final me pido un postre y me quedo super agusto. La cuenta final asciende a unos 3000円, que son unos 25€, lo cual no esta nada mal para toda la cantidad ingerida! Es posible que vuelva a este sitio alguna vez más antes de dejar Tokyo.

Pongo rumbo al hotel y me echo una siesta larga tras la copiosa comida, que la verdad, me sienta como dios. Por la tarde voy a dar una vuelta por Shinjuku. En concreto visito el edificio del gobierno gubernamental, que tiene un observador gratuito bastante famoso. Se puede observar muy bien Tokyo y alrededores, aunque el observatorio no es tan bueno como el de la Tokyo SkyTree o la Tokyo Tower. Me congratulo porque me encantan las estampas nocturnas, y probablemente sea la única que vea en este viaje. Aprovecho y me siento a tomar un té y reflexionar un rato, ya que arriba hay un cafetería bastante decente. Me pido un オーロン茶.

Luego doy una vuelta por la estación de Shinjuku, que me sigue impresionando por lo enorme que es. Hay un paso subterráneo que conecta el edificio con la estación, lo que da una idea de lo grande que es, tiene muchos pisos y muchos de ellos están por debajo de la tierra. Visito aquí la tienda UNIQLO para hacer unas cuantas compras de ropa y estoy un buen rato. Esta tienda es muy popular en Japón ya que las prendas son bastante baratas y la calidad/precio es razonable. Ya había comprado la otra vez que vine a Japón y la verdad es que me sorprendió, así que esa vez no quería irme sin adquirir unas cuantas prendas más. Probablemente vuelva una vez más antes de volver a España.

Diario de Jornada 18 - 12-04-2016

Hoy se me ha hecho tarde para ir a clase de Japonés. He perdido el primer turno, así que tampoco me he perdido mucho, y me he enganchado rápidamente al ritmo de la clase. Aquí en Japón se mira mucho lo de los retrasos y las faltas, por lo que me he disculpado efusivamente con la profesora y con la clase. La profesora es comprensiva y me ha preguntado si estaba bien. Yo me he limitado a disculparme por el retraso. Es una profesora amable.

En la clase hemos dado un concepto de la cultura japonesa: las elipsis en el lenguaje. Los japoneses son muy de emitir cosas o no decir directamente lo que piensan, así que el juego consistía en adivinar qué era lo que la persona quería expresar pero no expresaba directamente. Cuesta bastante puesto que en español somos muy directos con lo que pensamos y no nos andamos con ramas. En Japón esto se considera de mala educación, sobre todo cuando se trata de decir que no: es como si ahorraras la vergüenza de decir no directamente del que se disculpa de esa manera. Un rasgo muy curioso de la cultura japonesa sin duda.

Después de clase he vuelto al hotel para echarme la siesta, ya que no he dormido del todo bien; he comido por el camino en la estación de Shinjuku, en concreto en un sitio de comida rápida de hamburguesas. En este sitio literalmente no hay mesas de más de uno: todas son para gente que está de paso y come rápido, así que no hay nada que compartir o debatir con la comida. Una cosa que me encanta de los restaurantes y bares japonesas es la barra. Aquí hay barras para una persona por todas partes, por lo que ir a comer o cenar sólo es una experiencia bastante agradable y tranquila, y nada extraña, puesto que en Japón se lleva mucho eso.

Por cierto, al venir había un incendio muy cerca de donde me alojo. Estaba lleno de coches de bomberos, helicópteros e incluso furgones de policía, y han estado un rato por allí cuando ya estaba sofocado. En Japón se tiene mucho cuidado cuando hay incendios y cosas así puesto que al estar las casa tan juntas y estar echas de madera muchas de ellas, es muy fácil que se expanda sin control. Además los cables tendidos por encima de las calles no ayudan. Una cosa curiosa es que aquí cuando pasa un coche de policía, bomberos o ambulancia, hay siempre una persona con un altavoz pidiendo por favor que se aparten y perdón a los otros coches. Supongo que es por las buenas maneras japonesas 😃

A la tarde he ido primero al parque de Shinjuku Gyoen 新宿御苑. Este parque es uno de los más grandes de Tokyo y también de los más bonitos. Dentro del parque hay grandes zonas de césped plano acondicionadas para hacer picnics y para que la gente juegue a deportes al aire libre. Además, hay una zona de un jardín de estilo japonés bastante grande, con los típicos elementos: puentes semicirculares, linternas sobre el agua y cerezos en flor. La mayoría de cerezos han perdido ya la flor, pero hay unos cuantos que aun la conservan o están en proceso de perderla. La estampa sigue siendo bella pese a la caída del sakura, por lo que estoy un buen rato vueltas, sentándome en bancos y escuchando música mientras observo la estampa. Cuando llevo aproximadamente una hora, salgo de allí y me dirijo el siguiente lugar.

Decido explorar un poco más a fondo la ciudad de Shijuku. En concreto quiero ver 3 templos menores que no son transitados nada más que por los lugareños. El primero está en mitad de un barrio residencial, pero que sigue teniendo algunos pequeños comercios. Tiene un patio bastante grande y 2 templos que se levantan sobre el suelo. No hay casi nadie, salvo un par de señoras, una de ellas está alimentando a un montón de gatos que se ven que han elegido aquel lugar para vivir: no me extraña, se respira bastante paz, aun a pesar de estar en una de las ciudades de Tokyo más ruidosas y bulliciosas.

El siguiente está literalmente encajado en edificios, y tiene un gran cementerio en el patio trasero. Se ve bastante pequeño, pero hay un cerezo en flor que ya ha perdido todas las flores, y junto con el templo al fondo la estampa tiene atractivo, decido echar unas cuantas fotos. Hay por allí un señor mayor echando un montón de fotos a las flores de las tumbas, y rezando en cada una de ellas. Se centra en una en concreto y reza un montón de veces, incluso se sienta a su lado, en un pequeño banco que hay habilitado. Me pregunto si será su difunta esposa.

El siguiente y el último está en el cruce de las 2 grandes avenidas de Shinjuku cuyo nombre desconozco. Es un templo bastante nuevo y está pintado del color rojo característico de los templos sintoístas. Es el típico templo moderno situado estratégicamente en un lugar transitado, para permitir a los japoneses realizar sus ritos casi a diario. Hay mucha gente, salary mans y demás trabajadores que se paran a rezar a los kamis. Poder observar esta estampa de la vida diario japonesa es casi un privilegio, y te da la dimensión que necesitas para comprender un poco más a fondo esta cultura.

Me dirijo ahora a Akihabara. Voy a visitar unas cuantas tiendas más, en concreto una que han abierto nueva y que según veo en internet, tienen una figura que estoy buscando. Desgraciadamente cuando llegó allí y pregunto a los encargados, pese a su insistencia en buscar dicha figura, finalmente no la encuentran. La tienda está bastante nueva y tiene mucho material de todo tipo.

Sigo explorando tiendas de Akihabara. Me sorprende la cantidad de tiendas que hay, cada rinconcito se aprovecha al máximo para exponer todo tipo de productos y las tiendas se expanden hacia arriba y hacia abajo. Hay una en concreto que está tan saturada que hasta hay cosas colgadas del techo y te vas chocando a medida que te introduces. Hay pasillos tan estrechos que soy incapaz de entrar sin cargármelo todo! Sin duda algo único de Japón.

Como estoy cansado de tanto andar, me paro en una cafetería de corte occidental. Me pido un bollo y un “Ice cocoa” アイスココア, bastante bien de precio la verdad. Me siento en una barra frente a una ventana que da a la calle, y estoy allí un buen rato leyendo cosas por internet y observando la bulliciosa actividad de Akihabara, que si bien es la meca mundial de lo otaku, también es un centro de negocios, con muchos rascacielos dedicados a oficinas y muchos salary mans con maletines de aquí a allá.

Diario de Jornada 19 - 13-04-2016

Parto para la clase, no he dormido demasiado bien, pero llego con tiempo. En clase seguimos introduciendo formas y expresiones nuevas todo el rato: me encanta el ritmo desenfrenado de la clase, no te da más remedio que aprender! Cuando estoy cansada suelo ser más fluida, y hoy he dado buena cuenta de ello: hemos hecho varios ejercicios en pareja y siempre los hemos resuelto de manera super fluida: la clase aplaudía! Y a la profesora le gusta como pronuncio, se ríe porque parezco nativo, lo cual es un feedback muy bueno.

Después de clase he vuelto al hotel directo para descansar. Antes he comprado en el konbini unas piezas de sushi para comer, bastante buenas por cierto. El Lawson suele tener los mejores bentos, mientras que los del Seven Eleven son horribles! ¿Será porque son una cadena americana? No me extrañaría. He dormido durante una hora y media más o menos y me he puesto en marcha.

He decidido pasar la tarde en el barrio de Asakusa. Este es uno de mis barrios preferidos, por la tranquilidad que se respira y la estructura de las calles, y he querido explorarlo un poquito más a fondo. Primero he ido a Kappabashi, que es una zona donde están concentradas cientos de tiendas de cosas relacionadas con la cocina y la hostelería: cazos, cuchillos, y cosas así. He comprado unos cuantos omiyages y he dado una vuelta larga. Tengo comprada ya la taza, ahora necesito comprar una tetera para preparar té verde y demás utensilios. Aun no me he decidido, pero probablemente vuelva aquí para comprarlos.

Sigo dando vueltas por Asakusa y visito un pequeño santuario, el santuario de Atago. Este pequeño templo, encajado entre edificios, está bastante bien cuidado y se puede ver bien el interior, y el recinto exterior es bonito. Aquí titubeo durante unos minutos tentado por realizar el rito típico de los santuarios sintoístas para pedir algo a los kamis. Sin embargo, al final no lo hago porque creo firmemente la solución a todo lo de índole humana pasa por la acción propia del ser humano, y no por las ayudas de unos supuestos dioses. El destino de cada uno se lo labra cada uno con su propia fuerza.

Me paso ahora por el templo típico de Asakusa, uno de los más grandes y visitados de Tokyo. Como ya es tarde y de noche no hay mucha gente y se está tranquilo. Me siento un rato a observar y leer sentado en una roca. Un gato se acerca un poco, pero está tímido y no se atreve. Aunque intento llamarlo, mis intentos son en vano. Al salir me cruzo con una pareja de abuelos muy amables, que me dan las noches con una reverencia. Yo responde igualmente. He visto gestos en los pueblos, pero verlo en Tokyo es raro.

Me paro a tomar algo en una cafetería de la zona de tiendas. Está bastante bien, muy bien cuidada y sirven té verde al estilo tradicional. Me pido uno en polvo que viene junto con un dulce cuyo nombre no recuerdo. Estoy un buen rato disfrutando del té y leyendo cosas por internet. El hilo musical es bastante bueno, en concreto son piezas clásicas para piano, y reconozco una rápidamente: Gaspard de la Nuit de Ravel. La interpretación es bastante rápida, deduzco que puede ser de Marta Argherich. Un vistazo rápido al Shazam confirma mi sospecha. Antes de irme añado el sitio a favoritos para volver en otra ocasión en el futuro.

Continuo mi camino, y paseo ya por las calles casi desiertas típicas de los turistas de Asakusa. Una tienda me llama la atención: tiene omiyages bastante cuidados, y muchos de ellos inspirados en el monte Fuji. Como no tengo tiempo le pregunto a la dependienta que como se llama la tienda. Muy amablemente me da un folleto y continuo mi camino. Volveré antes de terminar este viaje para comprar algo aquí seguramente.

Como estoy ya cansado tras una larga caminata, decido ir a un Onsen. En concreto elijo uno de las afueras del centro de Tokyo cuyas recomendaciones en Google parecen buenas. Está en una zona residencial, es decir, que no hay turistas, y de hecho en el sitio no hay nada parecido a un cartel en inglés. Cuando llego allí, sin embargo, da la casualidad que hay una mujer japonesa que habla inglés fluido, y me ayuda a entender lo que la dependiente del sitio me está explicando.

El onsen está muy bien. Son las 9 aproximadamente y no hay demasiado gente, habrá unas 10 o 15 personas. Los baños son separados, y en este hay 5 ofuros diferentes: uno con chorros para relajarse, uno interior a unos 40 grados, dos exteriores a unos 42 grados, uno de ellos con agua color blanco que no se que significa y el otro con agua color oscura. Finalmente un último baño frío de unos 18 grados, estratégicamente situado al lado de una sauna, que se mantiene a unos 70 grados. Me doy una vuelta por todos los baños, de aquí a allá, disfrutando al máximo de los placeres y los beneficios de las aguas termales. A los japoneses les hace gracia ver a un extranjero por allí, y me miran de reojo y dicen cosas creyendo que no los entiendo 😃

Salgo muy relajado tras una hora y media, y vuelvo a casa. Está lloviendo ligeramente en todo Tokyo y es agradable ver como cae las gotas de agua sobre ti y como trasforman el paisaje urbano, se hace mas brillante. Mientras escribo este diario desde el hotel, noto ya los beneficios del onsen: la piel está suave y tersa y muy limpia. Tengo que volver de nuevo antes de dejar Japón.

Diario de Jornada 20 - 14-04-2016

Hoy he tenido que esperar al siguiente tren por que el que iba a coger estaba tan a reventar, que se han tirado unos minutos para encajar a toda la gente dentro para que pudiera salir el tren. He visto como una chica tenia el pelo y la chaqueta pillados por las puertas del tren y seguía moviéndose. Esto es de locos! 😃

Hoy tocaba clase con el profesor Okuyama. Puedo decir con seguridad que este es uno de los mejores profesores que he tenido nunca: sus clases son una maravilla, a lo que todo profesor debería aspirar. Están perfectamente preparadas y guionizadas, el hombre tiene una labia y una energía para explicar los conceptos realmente sobresaliente, hace partícipe a la clase, y encima es irresistiblemente gracioso. Un 10 para este profesor. Sólo he dado dos clases con él pero me acordaré siempre! La escuela tiene gran suerte de tener a un profesor como Okuyama Sensei. Kudos para Kudan!

Después de clase he ido a visitar uno de los 3 museos que visitaré entre hoy y el día de mi partida que merecen la pena. El de hoy ha sido el Museo Nezu. Este museo, situado en la zona de Omote sando, una de las más pijas de Tokyo, contenía una exposición temporal bastante interesante. Esta exposición son obras de arte uta-e 歌絵, literalmente, “poemas-imágenes”. La idea es que se representa una imagen basada en un poema famoso. Los poemas y la mayoría de carteles están traducidos al inglés por lo que me tiro un buen rato, aunque la colección es pequeña.

Los poemas me llaman mucho la atención y me conmueven, aunque son traducciones al inglés. Hablan mucho del cerezo en flor, de la naturaleza. El arte japonés siempre tiene impresiones de la naturaleza, aunque sean muy sutiles, es increíble lo ligado que esta este pueblo al mundo de la naturaleza.

En el recinto exterior del museo hay un enorme jardín de estilo japonés, con muchos sauces llorones y todos los elementos típicos del jardín japonés. Hay unos cuantas cerezos en flor, pero ya han perdido todo rastro de color rosa, excepto uno, que muchos turistas japoneses aprovechan para echar fotos. Hay varias casa del té, y aunque intento entrar en una, resulta que vale 1000円, incluida bebida y ceremonia. Decido no hacerlo porque igualmente voy la mochila y llevo todo el día andando, estoy un poco sucio la verdad 😛

En el resto de salas de museo no hay mucho que destacar, excepto en una que contiene artículos típicos para la ceremonia del té de épocas pasadas. No han cambiado mucho desde entonces y se conservan bastante bien, lo que es indicativo que la tradición se ha transmitido de manera correcta. Hay una exposición extra que consiste en un pergamino manuscrito que contiene el Ise Monogatari 伊勢物語. Es una colección corta de poemas ilustrados que tiene un gran valor histórico ya que es del siglo XIV. Se conserva bastante bien, y se puede observar bien el dibujo de la época y los trazos escritos a mano de los textos. Para mi sorpresa, es bastante colorido, así que probablemente de aquí venga la génesis de lo que más tarde sea el manga. Los japoneses llevan dibujando desde hace 10 siglos.

Después del museo vuelvo al hotel para descansar. Como en un restaurante de comida rápida, un Subway. Como no entiendo mucho de las instrucciones, pido que me expliquen lo mejor que pueden. Al final pido un bocadillo regulero y me quedo con un poco de hambre la verdad, pero al menos ha sido barato. Comer en restaurante decente en Japón es carísimo!

Cuando ya estoy descansado, voy a un intercambio de japonés que organiza la escuela. Llego un poco tarde la verdad, unos 10 min. Para mi “no sorpresa” aquello ya está todo montado puntualmente y en orden, soy el único que faltaba! Me siento en mi mesa y continua la conversación. Está muy bien organizado, de tal manera que en cada mesa hay 6 personas: 3 estudiantes y 3 nativos. Sólo se habla Japonés, lo cual se agradece, el intercambio está pensado en exclusiva para que los estudiantes puedan practicar.

Hablo bastante, pero soy incapaz de articular frases más complejas. Sin embargo, en mi sencillez soy bastante fluido, y logro hacerme entender e incluso hacer reír a mis interlocutores. No me da vergüenza ninguna la conversación, lo cual me alegra, porque estar delante de nativos auténticos que saben que estás hablando fatal impone un poco 😃 Aprovecho para contar un poco mis andanzas por el país nipón. Los japoneses se sorprenden bastante de que haya viajado tanto y de que conozca bien la cultura japonesa. Algunos me llaman Nihonjin 日本人, o sea, Japonés. Yo les digo que no, que soy de Murcia 😃

El intercambio acaba un poco tarde, y después de unas cuantas horas conversando estoy cansado y decido poner fin al día. Quería haber ido a probar otro onsen que hay por ahí, pero ya será otro día.

Diario de Jornada 21 - 15-04-2016

Hoy es el último día de clase en la escuela. Como parece que Dios se ha enterado de este evento, me regala un trayecto en el metro bastante “suelto”: tengo una separación de más de 10cm del siguiente japonés salary man con traje y zapatos de vestir y maletín a juego. ¡Mola!

La clase transcurre con normalidad, nada destacable. Al finalizar me despido de los compañeros, recojo mi diploma y relleno un pequeño cuestionario de opinión sobre la escuela. Me aseguro de poner bien claro que el profesor Okuyama es el mejor! Al terminar vamos a comer con dos compañeros de clase Chinos a un restaurante cercano al Tokyo Dome, que es un parque de atracciones con noria gigante que hay en mitad de Tokyo.

El restaurante en sí no está mal, aunque es prácticamente comida rápida china, barata, pero se deja comer. Yo pido carne y unas cuantas gyozas, y ellos se piden fideos, muy a lo Chino 😃 Estamos conversando un buen rato sobre varias cosas: trabajo, la vida en Tokyo, el porqué estudiamos japonés, etc. Uno de ellos sabe algo de inglés, el otro no, así que usamos como lenguaje en común el Japonés. Ni que decir tiene que nuestro nivel no es conversacional ni mucho menos, así que la estampa es bastante graciosa: 2 chinos y un español chapurreando japonés. Los salary mans de la esquina deben estar flipando!

Al terminar de comer vuelvo al hotel para tomar mi rutinaria siesta. Luego de la siesta decido ir a dar una vuelta por Ginza / Tokyo / Shimbaishi y Yurakucho. Esta zona es una de mis favoritas de Tokyo, es de las más desarrolladas, limpias y organizadas de toda esta macro ciudad. Para empezar llego hasta Ginza y camino hasta la estación de Tokyo. Busco la zona de tiendas del sótano, que es bastante famosa por tener tiendas dedicadas a personajes de series famosas: hay una tienda de Jump, otra de Ghibli, etc.

Está bastante bien cuidado y dan ganas de comprar: los japoneses son expertos en tener las tiendas siempre super bien organizadas y listas para la consumición. Sin embargo no encuentro nada de mi agrado y al final no compro nada. En la sótano también hay un montón de restaurantes. La mayoría tienen unas colas bastante kilométricas. Lo primero que puede pensar es que los japoneses cenan pronto. Aquí no se aplica esta lógica, porque en Japón hay tantísima gente, que los restaurantes abren siempre de 11:00 a 14:00 y cosas así para la comida y de 17:00 a 23:00 para la cena, como aceptando el hecho de que siempre habrá gente entre esos rangos.

Al salir de la estación de Tokyo doy una vuelta sin rumbo definido. Esta zona de la estación de Tokyo se llama Marunouchi 丸の内, y es una de las más desarrolladas, y centro de negocios importante de Tokyo. Está llena de rascacielos, y la gente que camina por las calles suelen ser salary mans que van de camino a la estación o acaban de venir de reunirse con alguien en otro sitio.

De aquí paso directamente a Ginza. Este barrio es casi puramente comercial, y hay tiendas y restaurantes por todas partes. También hay grandes “department stores” o depaato デパート, que son los grandes centros comerciales. Al contrario que en otros países, en Japón no hay muchas cadenas, por lo que los centros comerciales suelen tener su marca propia para cada zona. En Shinjuku el más grande es Isetan, aquí es otro con otro nombre diferente, etc. En estos sitios podemos encontrar tiendas de todo tipo. Como la zona es pija, las tiendas están super cuidadas, tienen muchos empleados perfectamente inmaculados, y los artículos son muy caros. Hay todo tipo de tiendas de ropas, complementos, cerámicas, decoración para interior, etc. Todo lo que te puedes imaginar lo tienes aquí, si estás dispuesto a pagar el precio.

Caminar por Ginza es también agradable. Las calles son anchas, están muy cuidadas y la zona no es ruidosa: no hay mucho tráfico, como en Shinjuku, y tampoco hay grandes carteles luminosos emitiendo sonidos y músicas estridentes. Me paso por la App Store para ver si ya se puede jugar al juego en el que trabajo, y sí! Está instalado en todos los iPads e iPhones de la tienda, junto con el resto de juegos de la promoción. ¡Qué alegría ver mi juego en esta tienda! Me acuerdo de las personas del equipo con quien trato a diario, ¡que gran trabajo hacen!

De aquí paso a Yurakucho, aunque no se muy bien donde distan las separaciones, ya que los barrios son bastante homogéneos. Aquí hay mas restaurantes y tiendecitas un poco menos exclusivas. Me llama la atención una que vende kimonos y cosas tradicionales japonesas. Aquí compro algo para mi madre que me llama la atención.

Al caminar por estas calles, y ver a los japoneses, inmaculadamente vestidos, tanto las mujeres como los hombres, me doy cuenta de lo lejos que estoy de comprender de verdad esta cultura. Hay un momento insignificante: cruzo la mirada durante un segundo con una mujer japonesa que seguramente iría a cenar en algún compromiso. Su vestido, el estilo del pelo, etc. es 100% occidental, pero sus rasgos son orientales, obviamente. Es como si por un segundo estuviera pensado y me habla con esa mirada, de lo extranjera que se siente en su propio país. La occidentalización es tan grande que ya ni se acuerdan de sus raíces. Podría ser esto, pero sin embargo su naturalidad parece indicar lo contrario. Supongo que es por el típico carácter contradictorio de los japoneses.

Después de caminar un rato y comprar algunos omiyages en otra tienda, decido que ya no tengo más ganas de seguir caminando. Tengo tentación de ir a un Onsen, pero me da pereza un trayecto de 45 minutos hasta allí, así que al final vuelvo al hotel. Mañana haré mi última visita a un Onsen porque ya dejo de Japón. Por cierto, quiero probar sushi una última vez antes de venirme, sin embargo es tan caro en Japón que tengo tentación de comer lo mínimo de konbini y gastarme todo el suelto que ido acumulando, estoy harto de gastar dinerales en comida!

Mañana es el último día: lo dedicaré por completo a terminar las compras y visitar un último museo y un onsen. Mi diario contendrá una reflexión sobre el viaje en general, así que seguirá siendo interesante, no solo una retahíla de compra de omiyages aquí y allá 😃

Diario de Jornada 22 - 16-04-2016

Último día en Japón. Hoy he resuelto realizar todas las compras pendientes, especialmente aquellas que son comida: dorayakis, mochis y cosas así. Visito varios supermercados. Primero voy a Asakusa, ya que la zona para comprar omiyages y cosas así es bastante nutrida, pero al final no compro nada. Hay demasiada gente y me agobia, intento salir un poco a las calles aledañas y estoy un buen rato en el supermercado. Ahí observo un evento curioso, que es un japonés tropezando con un mostrador de bebidas y tirando varias al suelo. Se les veía bastante apurados a la pareja, pero al final los empleados arreglan el desaguisado sin más dilación. La pobre mujer estaba gritando “sumimasen” すみません y “gomennasai” ごめんなさい continuamente para ver si aparecía algún empleado.

No logro comprar todos los productos que busco porque no me entero de los nombres, así que decido salir comprando 4 cosas y continuo dando vueltas por Asakusa. Voy a otro supermercado y compro un poco de te verde para mí, para ver que tal está. Es bastante caro y me sorprende el precio. El resto del día lo paso de aquí a allá comprando omiyages, ya sea en supermercado, konbinis o tiendas de frikerismo el general. Hay una en concreto que me sorprende muchísimo y en la cual permanezco un par de horas: Village Vanguard. Es una tienda que tiene absolutamente de todo, una mezcla ecléctica de todo lo que te puedes imaginar: artículos decorativos, papelería extraña, cosas de idol, ropa interior, camisetas, artículos frikis, etc. Está organizado de tal manera que cada uno de los rincones tiene algún artículo para enseñar. Incluido del techo cuelgan cosas y te vas chocando con ellas a medida que avanzas. De aquí compro bastante.

Antes de dar por concluido este diario, me gustaría hacer unas reflexiones generales sobre el viaje y sobre la cultura japonesa, el principal motivo por el cual realicé este viaje. Creo firmemente que me encuentro un paso más allá de entender esta cultura. Hay dos razones principales para esto: mis conocimientos del shinto son mayores ya que he podido visitar una cantidad mayor de parajes sagrados, templos budistas y similares. Observar la religión del pueblo y sus manifestaciones diarios es fundamental. Por otro lado, he estado estudiando durante dos semanas, en un ambiente eminentemente japonés, el propio idioma japonés. Religión e idioma, las dos cosas fundamentales que necesitas para acercarte a la cultura.

He llegado a una conclusión, y coincido con Lafcadio Hearn, es imposible llegar a conocer en su total dimensión la cultura japonesa si no se es japonés. Mi visión del mundo es en origen diferente, por eso para mí es imposible observar el mundo tal y como lo observa una persona japonesa. Es muy interesante esta reflexión porque nos permite ir un paso más allá: ¿y si nuestra visión de lo japonés es precisamente aquella que por estar originada desde el punto de vista occidental resulta tan atractiva? Lo importante aquí es aceptar que la visión de la cultura de su pueblo por parte de un japonés y la visión de la cultura japonesa por parte de un extranjero son experiencias diferentes. Si aceptamos esto: ¿no será que en realidad cuando estamos enamorados de la cultura japonesa, resulta que estamos enamorados de nosotros mismos, sólo que en una visión diferente? Voy a analizar la religión y el lenguaje desde este enfoque, con la esperanza de obtener alguna pista más que nos permita comprender la dimensión de lo japonés.